CORONA DE FUEGO

Hace tiempo que quería dar comienzo a una pequeña locura, tras el éxito alcanzado con El viaje que se convirtió en leyenda, he querido emprender un nuevo viaje; pero, esta vez, en compañía. ¿Te atreves a viajar conmigo y descubrir todas aquellas leyendas que recorren nuestra geografía? Leyendas que, sean ciertas o no, serán contadas a mi manera.

Prepara la maleta, porque nos vamos a conocer la primera de ellas 

CORONA DE FUEGO

«Aquellos años que componían los siglos de los llamados medievos y en una de esas grandes villas y fortalezas de tierras leonesas que sucedió aquesta leyenda.

Sucediose que en aquellos lares de montes forte de las tierras de Lemos que se levantaban castillos y monasterios. Quiso pues que por ventura o desventura que ambos fueran unidos por paso escondido de los ojos del pueblo.

Mandaba entonces un señor de noble linaje cuya hija era de belleza tal que los hombres perdían por ella la razón. Así fue que el noble escondiera a la muchacha de caballeros y lores que su virtud pudieran profanar, mas no supo que de aquel cuyo honor y fe consideraba inquebrantables, surgirían codicias y lujurias.

El rey envió mandato real para con el Conde de Lemos, siendo su deseo que marchara a tierras lejanas con sus tropas para guerras de frontera. Así, el señor de aquellas tierras dejó a su hija y esposa al cuidado y amparo del abad del monasterio. Quiso los designios de un ángel caído que el clérigo quedara enloquecido de amor por la doncella, hija del Conde, cuya belleza nubló la razón del abad. El clérigo quiso luchar contra aquellos deseos carnales que la joven despertaba en su ser, más no lo logró y, en una noche de esas que llaman de fuego, de lunas rojas como el infierno, que el abad cruzó el paso que unía monasterio y castillo. Avanzó con cautela hasta alcanzar la alcoba de la joven quien dormía ajena a su condena. Fue así que el abad satisfizo sus deseos, pero el temor al castigo hizo que también se portara el último suspiro de la joven doncella.

Lloraron nobles y plebeyos la pérdida de la muchacha. Se hicieron misas por su alma desdichada. Mas nadie supo quien fue el autor del dolor que asoló las tierras del Conde.

Fue que a su regreso, el Conde supo de la tragedia y, tal fue el dolor, que no comió ni bebió en jornadas enteras. Más, una joven al servicio del castillo, testigo de lo que la noche roja sucedió, habló a su señor de aquello que había visto.

El Conde, sabido de tal ofensa, invitó al abad con pretextos de tierras y otros temas de los que hablar. Mandó que se preparasen manjares, viandas de festividad en honores al clérigo de aquellas tierras por su devoción y buen hacer para con los que su protección reclamaban. El abad, caído en el engaño, comió y bebió a placer. Sucedió, entonces, que el señor del castillo pidió los postres para satisfacción y júbilo del clérigo; pero no fueron ni dulces ni postres lo que los pajes trajeron, sino una corona de hierro que habían calentado al fuego.

Entonces, mandó coronar al abad con pretextos de codicias por el título que ostentaba. Cayó así muerto, ante miradas de los allí presentes que nada dijeron».

Audiorelato Corona de Fuego

©Mireia Giménez Higón
Todos los derechos reservados. Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin el consentimiento expreso y por escrito de la autora

LA VUELTA A ESPAÑA EN 80 LEYENDAS

Hace tiempo que quería dar comienzo a una pequeña locura, tras el éxito alcanzado con El viaje que se convirtió en leyenda, he querido emprender un nuevo viaje; pero, esta vez, en compañía. ¿Te atreves a viajar conmigo y descubrir todas aquellas leyendas que recorren nuestra geografía? Leyendas que, sean ciertas o no, serán contadas a mi manera.

Aquí os iré dejando los enlaces a todas a ellas que, además, tendrán al final el audiorelato para que podáis escucharlo tantas veces como gusteis 😉

  1. EL BARBERO DE VALENCIA
  2. ANIMA NON MORIATUR
  3. CORONA DE FUEGO
  4. ¿DONDE ESTÁS, RODRIGO?
  5. CALPURNIA
  6. EL SILLÓN DEL DIABLO
  7. EL GALLEGO DE BARCELÓS
  8. EL CALLEJÓN DEL DIABLO (Leyenda incluída en «El viaje que se convirtió en leyenda»)
  9. VENCER O MORIR
  10. EL PACTO DE TEODOMIRO

MUJERES DE BATALLA

Comparto con vosotros un pequeño relato a razón del concurso literario de Zenda donde las heroínas son las protagonistas.

Vítores y gritos de alarma recorrían las calles sin descanso ni tregua. Hombres y mujeres quedaban dispuestos bajos las órdenes de quienes el mando tomaban en desesperada actitud ante el ejército que les sitiaba. Habían oído hablar de él, de sus hombres uniformados, de aquellos soldados imperiales que habían sido instruidos para arrebatar la vida y las tierras de aquellos infelices que habían tenido la torpeza de ofrecerles asilo.

Decían que en la capital los ciudadanos habían salido sin miedos ni temores a luchar con cuanto tuvieran en sus hogares, daba igual trabucos que puñales, fusiles que espadas, pantalones que faldas.

Decían que habían caído centenares de franceses que en formación avanzaban hacia locales y fuertes, no importaba que fueran infantes, caballeros o artillería, que fueran soldados, oficiales o gallardías. La orden estaba dada y los imperiales así avanzaban.

Decían que en las aguas de los abrevaderos se formaban ondas al paso orquestado y certero de aquellas tropas francesas que de su uniforme hacían ostentación. Y, según narraban algunos, no era el derecho lo que movía aquel ejército, sino el deber de ver fuerte a su nación.

En aquellas vicisitudes se encontraban cuando de las murallas un aviso constante hizo presencia, ya estaban aquellos gabachos cerca. Comenzaron los ataques, las luchas, los fuegos y escaramuzas. La misión estaba clara, todo dependía de las murallas. Aquellas eran su escudo, su vida, su adarga.

Observó entonces María que el tiempo apremiaba, que las mujeres ofrecían poco o nada, que los hombres hasta la última gota de su sangre luchaban. Los franceses avanzaban, sin tregua, aquella era su estrategia. Un enorme regimiento de innumerables soldados instruidos y curtidos en batallas tales como lo fueron soldados españoles en las tierras de Flandes. Mas hubo quien dijo en una ocasión que somos tan valientes los españoles que, hasta sus mujeres saben pelear.

La munición comenzaba a escasear, los hombres empezaban a flaquear, el ánimo iniciaba su decadencia en el afán por luchar. Así fue, como María, una de aquellas mujeres que con sus manos intentaban ayudar, gritó a quien la quisiera escuchar:

—Señoras, ha llegado así nuestra hora. Ayúdenme a encontrar hierros y forjas de los que poder extraer metrallas y otros usos para nuestras murallas defender.

Sucedió que las mujeres y algunos hombres, arrancaron de las viviendas las barras y barrotes que las ventanas protegieran, arrebataron a los carros sus ruedas y de ellos consiguieron los hierros que necesitaban. Aquellas señoras que de alta cuna se consideraban, hicieron aquello que mejor se les daba. Cosieron. Cosieron sin descanso para crear sacas en las que ingresar los restos y fragmentos de las forjas destrozadas para guarnicionar las piezas de una artillería que ya escaseaba.

La noche fue dura, la jornada intensa; pero la victoria anhelada fue, al fin, algo más que una presencia. Los franceses retrocedieron, dejaron tranquila la plaza y, la capital levantina, entre vítores y gritos de alegría despertaba.

Puedes escuchar el audio en el siguiente enlace

MUJERES DE BATALLA Audiorelato