LA MALDICIÓN DEL SANTO CÁLIZ

LA VUELTA A ESPAÑA EN 80 LEYENDAS, es una sección en la que recorremos juntos todas y cada uno de las leyendas y grandes narraciones que acontecieron en tiempos remotos de nuestra historia. Una España repleta de grandes gestas, de mitos, de cuentos y pergaminos.

LEYENDA Nº18: LA MALDICIÓN DEL SANTO CÁLIZ

Encontrábase la ciudad de Valencia en fiestas de cristiandad, en aquellas que ritos y misas se celebraran por doquier. Era pues, en inicios del mes de abril del año de nuestro señor de mil setecientos y cuarenta y cuatro cuando las palabras y escritos que narraran historias del pasado se hicieran realidad.

—¿Qué sucede, señor? —preguntó un joven iniciado a quien oficiara en aquella jornada misa y procesión.

—No os preocupéis mi joven amigo, aquello que aflige a este viejo clérigo solo le atañe a Dios Nuestro Señor —contestó así aquel a quien llamaban Vicente de Frígola. Mas en su calvario pesaban pecados que jamás hubiera osado de realizar, había sido un hombre puro, pulcro en sus quehaceres; pero aquella muchacha… ¡Maldecía el ocaso en la que pidió su auxilio! Se encontraba pues, la joven, acorralada a las faldas del Miguelete por sendos hombres de reputación singular. Vicente, al escuchar los gritos y súplicas de la muchacha, no dudó en aferrar con fuerza la espabiladera que portaba en aquel momento y salir en ayuda de quien la reclamaba. Al escuchar las voces del clérigo y observar sus ropas, los hombres que trataban de forzar a la joven muchacha huyeron con apremio.

—Muchas gracias, mi señor —dijo la joven mientras trataba de esconder su vergüenza bajo las desaliñadas ropas—. Dios le tenga en su gloria.

La joven se disponía a marchar, mas con la humillación aun prendida entre su vestimenta y el rubor de una mancillación que, por gracia del señor, no llegó a ser culminada.

—Por Dios, muchacha, no debéis ir así por las calles de esta ciudad que ya duerme. No encontraréis más gentes de bien por ella y lo que ahora fue detenido puede regresar con mayor fuerza —dijo el clérigo quien, al ver a la joven no pudo más que sentir lástima por su desdicha—. Entra conmigo al cobijo de la casa de Dios, toma caldo caliente y duerme bajo su techo. Mañana, nacerá un nuevo día y podréis regresar a vuestra morada.

La muchacha asintió y acompañó con la cabeza gacha a aquel clérigo que habíose convertido en salvador. Éste le dio caldos calientes y entregó frazada que diera calor.

—Quedáos aquí en la noche, bajo la mirada de nuestro señor estaréis protegida y sin temor. Yo iré a al lecho que me aguarda a realizar mi oración por mí y por vos —se despidió el buen hombre y siervo de Dios sin mayores intenciones que las que ya nombró, mas no sabía que otras había en aquella alma creída desvalida.

Tras los rezos desechó sus ropas quedando solo con aquella que le permitiera dormir, fue entonces que la muchacha se acercó sin aviso y observó en la oscuridad al hombre que su honra había querido salvaguardar. Era hermoso aun siendo de edad ya avanzada y osó con sus dedos acariciar su rostro dormido. El clérigo abrió los ojos con cierto temor al no saber quién se encontraba en la oscuridad de su cuarto. La muchacha desvistió sus ropas quedándose al desnudo frente a su salvador, a horcajadas se sentó sobre el clérigo quien no opuso la resistencia que debiera. Los ojos verdes de la joven parecían haber hipnotizado al hombre quien dejó hacer a la muchacha hasta quedar ambos en plena satisfacción.

Despertó en la mañana el clérigo sobresaltado, corrió hasta el lugar donde en la noche dejó a aquella muchacha, mas al arribar al lugar nombrado, no encontró rastro de un crepúsculo que creyó soñado. Mas el pecado cometido, fuera real o no, acompañaría al clérigo hasta el día que nos ocupa.

Se cernía sobre el cáliz una leyenda jamás escrita, quien alzara la copa sin castigo sería muerto por tal desafío. El clérigo, aun habiendo rezado por un pecado que no creía cometido, temía el preciso instante en el que debiera alzar el cáliz de cristo. Dispuso de sus ropas, acorde con el oficio, y celebró la misa con solemnidad. Llegado el momento de tomar el vino, elevó con sus manos el cáliz y observó a los feligreses allí reunidos, fue entonces que de entre ellos unos ojos verdes resaltaron entre el gentío, cayó entonces el cáliz al suelo partiéndose en dos ante el asombro de cuantos allí estuvieron.

La sentencia estaba dada y, aunque por maestros plateros fue efectuada su reparación aquella misma tarde, la impresión del accidente fue tal que el canónigo fue hallado muerto aquella noche en soledad.


Puedes escuchar el audiorelato a través del siguiente enlace: https://www.ivoox.com/maldicion-del-santo-caliz-audios-mp3_rf_62786257_1.html


EL VIAJE QUE SE CONVIRTIÓ EN LEYENDA

SINOPSIS:

Año 1953
Un peregrino es encontrado muerto a los pies de la catedral de Santiago de Compostela, entre sus ropajes solo porta un viejo cuaderno de cuero.

Año 2019
Una muchacha encuentra un antiguo cuaderno de cuero repleto de historias y leyendas en las proximidades de su hogar. Nada más comenzar a leer, siente que debe peregrinar a la ciudad de Santiago de Compostela.

Comienza así el trepidante viaje de una joven que recorre la geografía española, de leyenda en leyenda, en busca del misterio que encierra el viejo cuaderno de cuero.

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EL GALLEGO DE BARCELÓS

LA VUELTA A ESPAÑA EN 80 LEYENDAS, es una sección en la que recorremos juntos todas y cada uno de las leyendas y grandes narraciones que acontecieron en tiempos remotos de nuestra historia. Una España repleta de grandes gestas, de mitos, de cuentos y pergaminos.

LEYENDA Nº25: EL GALLEGO DE BARCELÓS

Se encontraban pues, los habitantes del burgo tremendamente alarmados. ¡Se había cometido un delito y nadie salía castigado! Trataron los hombres de ley buscar al culpable, mas parecía que la tierra hubiera encubierto al responsable de tal perturbación. Y pasaran los días y jornadas y noches también que apareció por sus calles un forastero de tierras vecinas con aires de sospecha para quienes con él se cruzaban. Fue entonces que hombres de justicia apresaron a quien decía proceder de la norteña Galicia.

-Soltadme, par diez -dijo el gallego sin obtener mayor respuesta que la de ser postrado ante el juez-. Disculpe, señor, pero debo jurar por mi inocencia pues no soy más que un peregrino que marcha hacia Santiago para saldar su deuda.

-Callad, pues usted no es peregrino ni tiene inocencia -sentenció el juez sin alzar siquiera la mirada que dirigía con descaro a cierto gallo preparado que le habían servido en bandejas de barro.

-Si fuera verdad aquesto que os cuento, que el gallo al que a punto está de hincar el diente, se alce y cante cuando en la horca me cuelguen sin razón.

Rieron todos los allí presentes, mas ninguno creyó lo que aquel gallego contara y sin más a la soga portaron.

Y lo que parecía imposible, sucedió. Encontrábase el peregrino ya con las cuerdas en el pescuezo que la bestia alzó su cantar más allá del propio pueblo. Las gentes quedaron asustadas, temerosas, aterrorizadas y, el juez que allí permanecía sin tocar pluma alguna al animal, corrió hasta la horca para comprobar que el peregrino había sido salvado por un nudo en la soga que mal había sido atado.

El peregrino continuó su caminar hacia la ciudad de Santiago, mas al tiempo regresó y dispuso por su honor que una cruz se alzara por San Tiago, la Virgen y el Señor.


Como siempre, aquí os dejo el enlace al audio-relato: El gallego de barcelós (audio)


LA SILLA DEL DIABLO

Hola amigos y amigas, por fin es miércoles y con él una nueva leyenda ocupará su correspondiente espacio en esta página y en todas mis redes sociales. En primer lugar, me he dado cuenta que algunos han creído por error, que estas leyendas son todas reales, que pertenecen al folclore español. Es una verdad a medias, las leyendas que narro son todas de propia invención, no obstante, sí tienen un gérmen real en la historia de los diversos parajes y municipios en los que se desarrollan.

LA VUELTA A ESPAÑA EN 80 LEYENDAS, es una sección en la que recorremos juntos todas y cada uno de las leyendas y grandes narraciones que acontecieron en tiempos remotos de nuestra historia. Una España repleta de grandes gestas, de mitos, de cuentos y pergaminos.

LEYENDA Nº12: LA SILLA DEL DIABLO

—Excelencia, le juro por nuestro Señor, que no miento —decía entre sollozos uno de los muchachos que, por las casualidades que solo Dios conoce, se encontraba en el momento exacto de ver correr aguas teñidas con el color de la sangre.

Mandados por las ordenes de tribunales castellanos, llegaron en la oscuridad de la noche quienes eran portadores de tal autoridad a la casa del que llamaban Andrés de Proaza. No era más que un joven venido de tierras portuguesas que quería a la anatomía encomendar su vida. Así fue como aterrizó en tierras vallisoletanas e ingresó en la que era Universidad de reputación entre estudiosos y entendidos. Quiso así ser testigo de la que entonces sería la primera cátedra de anatomía humana en la ciudad de Valladolid, siendo quien la impartiera hombre que pasara a la historia como don Alfonso Rodriguez de Guevara.

Entraron pues, por la fuerza, aquellos hombres de mandato para encontrar en los sótanos de una casa ya vieja al joven Andrés manchado con la sangre de un pobre infante cuya vida se escapaba en aquel mismo instante. El horror de lo que vieron fue suficiente para darle castigo al estudiante portugués, quien había practicado en la oscuridad autopsias en vida a animales y, por terrible desgracia, al muchacho desaparecido con anterioridad.

Por supuesto, en juicio inminente, fue castigado el portugués a en la hoguera encontrar la muerte. Mas antes de tal severo castigo, fue sometido a interrogación donde sin la mayor muestra de arrepentimiento por el pecado cometido, confesó tener contacto con quien jamás debiera sucumbir ningún ser humano.

—Jamás verán a nadie que supere mi conocimiento y poder —dijo el joven sin temor a quienes con severidad preguntaban por el crimen que acababa de cometer—. Hay, encerrada en aquel rincón —dijo señalando una puerta roída de madera al fondo de la habitación—, una silla enviada de las tinieblas por el mismísimo Diablo, quien en pacto de sangre maldijo mi cuerpo y mente. Mas no reniego de él, siendo quien me concedió el eterno poder del conocimiento más absoluto y, he ahí, las pruebas de cuanto he podido conocer.

Uno de los hombres de autoridad se acercó al lugar que nombraba Andrés de Proaza, abrió no sin temor la puerta de la que se habla y vio tras de sí un diminuto estudio donde una silla de fabricación reciente sobresalía del sucio, puerco y cochambroso cuarto repleto de bocetos y otros garabatos. No fue hasta que prestó especial atención a los escritos allí guardados que descubrió en ellos los más terribles, atroces y espantosos textos de nigromancia prohibida. Fue el hombre a tocar con sus manos el asiento cuyo artesanado jamás podría aquel joven haber pagado cuando éste le avisó.

—No osaría yo poner sus posaderas en ese sillón, mas si quiere mantenerse con vida.

—¿Qué queréis decir con esas palabrerías? —intentó el hombre decir con cierta autoridad que el temor le impedía.

—El pacto con el diablo fue el siguiente que les relato. Cualquiera que se siente en esa silla será juzgado. Si es aceptado será premiado con el mayor de los conocimientos, pero si, por el contrario, no lo es, aquel que se hubiera sentado morirá a los tres días contados.

Así fue como el joven fue juzgado y sentenciado a la hoguera, sus bienes fueron subastados, pero nadie osó pujar por ellos y fueron guardados en la universidad de la ciudad.

El tiempo pasó y las gentes olvidaron los juicios del pasado. Nuevos maestros y estudiantes se relevaban en aquella prestigiosa universidad. Entre viejos recuerdos, una silla impecable se mantenía erguida, a la espera de que otro joven osara posar en ella sus posaderas…

Varios siglos después encontraron el sillón atado boca abajo en el techo de la capilla de la Universidad.


Audiorelato a través de la plataforma ivoox: El sillón del diablo

Letras solidarias

Hoy, posponemos nuestra leyenda a mañana por una iniciativa de fuerza mayor con la que he tenido el placer de colaborar. Juntos podemos mover montañas.

En clave literaria

Cuando conocemos un nuevo caso de cáncer infantil solemos sentir que nuestro corazón se encoge y los pulmones se comprimen; sin embargo, creemos que jamás nos tocará a nosotros. Erramos al pensar así. Nunca sabemos a quién le va a tocar en esta ruleta que es la vida y, en mi caso, siempre digo que si me pasara a mí querría que la gente me ayudara para salvar como fuera a mis hijos porque si se fueran, yo me iría detrás. Que daría hasta mi última gota de sangre por salvarles, pero, a veces, ni siquiera haciendo este pequeño sacrificio para unos padres serviría de nada. Es entonces que debemos dejar en manos de los especialistas su corta vida y, aunque por suerte, la sanidad española carga con todos los gastos de los tratamientos para extirpar por siempre ese bicho odioso, también lo es que no siempre la familia puede…

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