CAMPANAS

LA VUELTA A ESPAÑA EN 80 LEYENDAS, es una sección en la que recorremos juntos todas y cada uno de las leyendas y grandes narraciones que acontecieron en tiempos remotos de nuestra historia. Una España repleta de grandes gestas, de mitos, de cuentos y pergaminos.

LEYENDA Nº 10: CAMPANAS

Se encontraba, pues, el joven David a las puertas de la sala en la que jamás creería ver venganza tal que nunca más ningún señor y noble osara doblegar a un rey. Tan solo era un mozo, un sirviente de las más baja alcurnia, de aquellos que limpian con sus propias manos, si fuera menester, los suelos pétreos de fortalezas y castillos; mas aquella jornada se convertiría, además, en uno de los pocos elegidos para custodiar el secreto mejor guardado de un monje nombrado rey.

Sucedió que aquel que pasó a la historia como Ramiro II, el monje, subió al trono sin respetos ni juramentos de nobles que salvaguardaran su nombramiento. Las rebeliones se respiraban por doquier y las reyertas entre los señoríos suponía ya una constante en un reino que comenzaba a decaer. Mas, jamás creyó este rey monje que sus huestes menguaran con tal ligereza que su propia corona sufriera peligros inminentes.

Fue entonces que, el rey monje, pidió a cierto mensajero con pocos o nulos intereses que viajara junto a un par de sirvientes hasta una abadía lejana para entrega de cierta misiva al abad de la misma. Así fue como el joven David comenzó su promoción hacia un grupo selecto de hombres que pasarían a formar parte de los custodios del rey. Marchó David junto al mensajero y otro hombre también de su linaje y condición hacia el Monasterio consagrado a San Ponce.
Llegaron pues al destino fijado y, al dar aviso de por orden de quién venían, fueron rápidamente atendidos por el abad a quien entregaron la misiva del rey. Éste leyó con cautela las palabras manuscritas y selladas por el propio monarca quien, con el recelo del que teme por vida y corona, osó de escribir en secreto. Invitó pues, el abad, a los tres enviados a seguir sus pasos hasta el lugar donde los huertos se abren, agarró un cuchillo y, sin dar mayor aviso, segó todas y cada una de las coles mayores y dejó sin cercenar aquellas más chicas que se cobijaban bajo él. Ordenó pues, ante el asombro de quienes allí se encontraban, que narraran al rey cuanto hubieran visto.

Así fue que regresaron los dos hombres y el muchacho a pedir audiencia con el monarca y prestaron juramento de aquello que le relataban. Quedó el rey monje satisfecho con aquellas palabras, a pesar de que solo él las interpretara.
Mandó entonces el rey monje llamar a los más afamados y gloriosos nobles, a los principales hombres de las casas más importantes para que visitasen Huesca pues, según decían, el rey iba a mandar construir la campana más extraordinaria que jamás nadie hubiera osado de fundir. Aquellos hombres que con sornas recibieron la invitación, creyeron que las risas y burlas continuarían allá donde debían acudir. El rey monje, con muestra de gran placer por el éxito del llamamiento, recibió a los nobles con las galas de las que debían por condición y gallardía. Después, mandó que entrasen, uno por uno, en orden que él mismo marcó, a una sala un tanto oscura e insonora donde la sorpresa venía dada no por una campana, sino por el silbido de una guadaña que un verdugo empleaba para decapitar a cuantos por la puerta entraran. Hasta trece hombres cayeron.

Dictó así, el rey monje, colgar sus cabezas en orden. Que los hombres que sin saberlo fueron cómplices de tal hecho, limpiaran los suelos y guardaran los cuerpos. Así, una vez fueron sus mandatos concluidos, invito al resto de hombres a ingresar en aquella sala donde el hedor de sangre y muerte prevalecía y que contemplaran así, las cabezas de quienes, con sus faltas, habían supuesto revueltas en los dominios que regentaba.

Jamás regresaron las revueltas, ni la osadía, ni las faltas. Las casas que sobrevivieron a los hechos doblegaron sus rodillas y entregaron sus espadas, serían pues, vasallos de un nuevo rey. Y así contó la historia, un tal David de Mendoza, en unas crónicas olvidadas bajo las losas. 


Puedes escuchar esta leyenda a través de mi programa de relatos. Aquí os dejo el enlace al programa y, por supuesto, a la leyenda: https://www.ivoox.com/campanas-audios-mp3_rf_64885094_1.html