TRAS LOS PASOS DE TOLETUM (II)

2 LA ISLA DE LAS TORTUGAS

Uno de los primeros escenarios que aparecen en la novela es la llamada Isla de las Tortugas o Isla Tortuga que, a pesar de ser un escenario de paso, ha despertado cierto interés entre quienes ya leyeron “Toletum”. Estoy convencida de que la razón principal de que esto haya sucedido es gracias a las películas de Disney, la saga Los Piratas del Caribe, con Jhonny Depp al frente del elenco. En cualquier caso, creo que es un lugar repleto de leyendas y grandes historias dignas de rescatar.

Comenzamos su historia murmurando un nombre: Cristóbal Colón. Fue él quién declaró este pedazo de tierra violentada como parte de la corona española, quién arribó a su costa en diciembre de 1492 y, divertido por la forma que poseía, decidió llamarla Isla de la Tortuga. Imposible de tomar desde su zona norte (conocida por sus montañas infranqueables como Costa de Hierro) y dueña de un excelente refugio marítimo al sur, supuso un enclave estupendo para criar ganado vacuno durante los primeros años de posesión española. Tan pequeña, a partir de 1502 la isla formaba parte de la gobernación de La Española, bajo el control administrativo y militar de Nicolás de Ovando.

Ovando no era ningún genio. No tardó en perder el norte de La Española y la isla de la Tortuga a manos de colonos ingleses, franceses y renegados españoles procedentes de la isla de San Cristóbal. El combate fue violento y breve. España no volvería a tener el control de Tortuga hasta un siglo y medio después, aunque antes la intentaría recuperar en diversas ocasiones con catastróficos resultados.

Los bucaneros (individuos dedicados a la caza de carne para luego ahumarla a la bucán y venderla) se asentaron cómodamente en la isla y, plantando y vendiendo tabaco a la vez que la carne a los holandeses, consiguieron su protección frente al poderío militar del Imperio español. Para enfado de España, que había dejado claro que no toleraría el libre comercio en el Caribe español e hizo todo lo posible por evitarlo durante el siguiente siglo. Ya sabemos, sin éxito. También ocurrió una conquista británica en el año 1636, victoriosa durante cuatro años breves.

El reinado de Levasseur

Los árboles de Tortuga tiemblan al pronunciar el segundo nombre, temen que su dueño reaparezca con motivo de algún pacto que fraguó con las partes más profundas de su tierra hechizada. François Levasseur. Oficial de la Armada francesa bajo el mando del teniente general Philippe de Poincy y hostigador inmisericorde de los hombres santos.

Por órdenes de su superior, Levasseur arrebató la isla a los ingleses en un duro combate que terminó el 31 de agosto de 1640, fue nombrado gobernador de la misma y rápidamente trabó amistad con bucaneros y cultivadores de tabaco, además de los filibusteros (bucaneros llevados por el mal camino que atacaban desde pequeñas embarcaciones a los galeones españoles). Apoyado por estos, proclamó una especie de República independiente en la isla y se distanció del gobierno francés. Fue en este momento, susurran los árboles de Tortuga, cuando se abrió definitivamente el dique de la leyenda pirata entre nuestras ramas.

Filibusteros y bucaneros se aliaron con Levasseur para crear la Cofradía de los Hermanos de la Costa, algo así como la Hermandad de los Piratas que se menciona de manera ficticia en Piratas del Caribe. Las normas de esta despiadada cofradía eran simples: se compartían los botines a partes iguales entre todos sus integrantes y existía cierto orden democrático a la hora de elegir sus líderes. Levasseur tomó todas las medidas posibles para hacer de la isla una imposible de tomar, construyó una fortaleza llamada La Roca para defender los puertos vulnerables de la costa sur y en su interior situó una terrible cárcel donde encerrar a sus opositores. A esta cárcel la llamó El Purgatorio y a la terrible máquina que utilizaba para torturar a sus víctimas, El Infierno.

La ambición es sana hasta cierto punto. Cegado por las riquezas que los filibusteros traían a la isla, envalentonado por su poder y sediento de más, más riquezas y mucho más poder, terminó definitivamente toda relación con Francia y comenzó a enfrentarse a la Cofradía. El tirano murió acuchillado por su propio ahijado tras un motín en la isla.

La edad dorada de la piratería

Aprovechando la muerte de Levasseur y el revuelo del motín, el capitán general de Santo Domingo, Juan Francisco Montemayor, atacó la isla y consiguió conquistarla en nada más que ocho días. Era enero de 1654 pero esta pequeña victoria fue tan heroica como breve. No habría de pasar más de un año hasta que el gobernador de Santo Domingo retiró la guarnición española de Tortuga para proteger La Española de un posible ataque inglés, enterró los 40 cañones que la defendían y se dijo “si te he visto no me acuerdo”. Seis meses después los filibusteros ingleses y franceses regresaron a la isla.

Ingleses y franceses, ambos enemigos acérrimos de España en esta época, se dijeron que esta vez lo harían mejor. Decidieron gobernar la isla en conjunto con la Cofradía de los Hermanos de la Costa, en un macabro ménage à trois colonial que, tras nombrar gobernador a un viejo cofrade, permitió atacar con mayor precisión a los buques españoles. La guinda en el pastel vino cuando los españoles acabaron con el ganado de la zona norte de La Española, en un pésimo intento por expulsar a los bucaneros, lo que llevó a que los pocos que no se habían afiliado con el gobierno de Tortuga acudiesen para prestar sus servicios. Podría decirse que fue en este momento, al completarse el abrazo de los bucaneros con la vida del pirata que es la vida mejor, cuando comenzaron los famosos años de piratería en el Caribe. Con Tortuga como base.

En un movimiento perfecto, el gobernador de Tortuga, Bertrand d´Oregon, diluyó algunas de las ideas más incómodas de la Cofradía en su isla, abrió la puerta a la entrada de colonos franceses y mitigó la influencia británica casi hasta hacerla desaparecer. Puede decirse que la isla de la Tortuga no fue tanto un territorio anárquico ocupado por piratas de todo pelaje, como nos indican las películas, sino una colonia francesa ligeramente independiente desde la que salían peligrosos buques tripulados por renegados de todo el mundo. Con un objetivo fijo en mente: desestabilizar el dominio español en las Américas.

Uno podría pensar que este fue el origen de la Legión Extranjera, aunque solo fuera como idea.

No es país para viejos

A partir de este momento, se barajan las leyendas con la realidad. Piratas de nombre infame como Henry Morgan o François el Olonés, dueños de importantes flotas de hasta 40 embarcaciones y miles de hombres, salían desde Tortuga para masacrar a los españoles. Abordaban barcos cargados de perlas y regresaban victoriosos. Monarcas del Viejo Continente les otorgaban títulos nobiliarios. Famosos marinos sucumbían bajo el sabor áspero de sus cañones. Las aguas del Caribe no eran país para viejos.

Pero no eran más que un puñado de nombres. La realidad es que la vida pirata no era para nada la mejor, por esta razón necesitaban correr a esconderse de España en su pequeña isla. Se enfrentaban a una poderosa potencia militar con territorios repartidos por todo el mundo, sustentada con veteranos de tantas batallas, si no más, que las vividas por los piratas.

La vida de los infelices terminaba por lo general a manos del acero toledano o, en todo caso, alcoholizada como la de Morgan. Ni siquiera el Olonés se libró de una muerte terrible cuando fue descuartizado por indígenas en Panamá. La dificultad de sobrevivir para los piratas y las traiciones que llevaron a cabo entre ellos mismos, unidas a las disputas entre ingleses, franceses y holandeses por controlar Tortuga, llevó a que para finales del siglo XVII no fuera más que una sombra de lo que pudo ser. Descuartizada por sus propios hombres y rematada por España. Casi deshabitada porque sus paisanos colgaban de las sogas de Santo Domingo.

Así termina la historia que nos cuentan los árboles de la isla, todavía alertas al respirar aromas parecidos a la pólvora. Saben que esta época ha pasado pero también aprendieron, por los besos del fuego, que el ser humano puede ser una criatura avariciosa e impredecible. Lo cantan los árboles, como un lamento: nunca saben cuando volveremos a atacar.

Nos vemos la próxima semana con un nuevo artículo en Tras los pasos de Toletum

Fuentes:


TOLETUM

En una España herida de mediados del siglo XIX, una reliquia legendaria escondida en las misteriosas calles de Toledo será el detonante que enfrentará a nobles, regios y antiguas sociedades secretas, que no cederán ante nada ni nadie con tal de hacerse con el preciado tesoro.


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TRAS LOS PASOS DE TOLETUM (I)

1 VISITA AL TOLEDO DEL SIGLO XX Y SU HISTORIA

Hace apenas un mes que salió a la venta mi última novela: Toletum, una aventura de otra época. Sin embargo, quienes me siguen en redes la descubrieron hace ya mucho tiempo cuando, cada fin de semana, colgaba un fragmento de esta misma historia en mi página de Facebook. Al principio, Toletum, no era más que un relato que, poco a poco, fue tomando forma; pero esta es otra historia que ya os contaré. Lo importante de hoy es que, a la par que compartía estos fragmentos enlazados, también iba dando espacio a los diferentes escenarios y curiosidades que iban apareciendo en los mismos y, así, es como llegamos al día de hoy.

Desde hace unos días pensaba en recuperar esos escenarios y curiosidades en una serie de artículos que iré publicando en mi blog y que espero que sean de vuestro interés. Y, por supuesto, en caso de no haber leído la obra, os termine abriendo el apetito para devorar esta obra llamada: Toletum.

En esta ocasión, me gustaría comenzar con el último viaje que realicé a Toledo antes de que esta dichosa pandemia azotara a toda la humanidad y al estilo de vida hasta entonces conocido. Había entonces, y aún existe, una pulsera turística maravillosa con la que podías visitar hasta siete monumentos por tan solo 10€ (antes costaba 9€). Una opción estupenda para quienes queráis viajar y visitar esta ciudad, este museo al aire libre.

Era febrero de 2018 cuando…

“Hace apenas unos días que regresé de mi último viaje, en esta ocasión, uno de los destinos fue mi admirada Toledo, ciudad de las tres culturas. No hay año que no visite sus monumentos y recorra sus calles que suponen un verdadero placer para todos y cada uno de mis sentidos. La razón de este artículo es hablaros de una económica opción que nos permite por tan sólo nueve euros visitar hasta siete de sus emblemáticos edificios históricos, y de paso, describiros de manera muy escueta de qué os hablo exactamente.

Esta preciosa panorámica pude realizarla gracias al primer monumento del que os voy a hablar y que, por supuesto, podréis visitar con vuestra pulsera turística. Os hablo de la Iglesia de los Jesuitas, anteriormente conocida como la iglesia de San Ildefonso. Su construcción comenzó en el 1629 siguiendo un modelo de planta de sus hermanas jesuitas de Palencia y Alcalá de Henares. Esta iglesia podréis encontrarla enclavada entre las calles de San Román y Alfonso XII, siendo su fachada principal dirigida hacia la Catedral de Toledo. En esta ocasión, el motivo principal de la visita de este monumento es la subida a las torres, siendo el punto más alto de toda la ciudad y desde donde se puede contemplar más allá del propio callejero toledano.

De aquí nos dirigiremos a la antigua Mezquita del Cristo de la luz que fue construida en el año 999-1000 en la zona residencial del Toledo musulman y que perteneció a la época Califal. En su interior, doce arcos de herradura se entrelazan y descansan sobre las columnas creando una estancia en perfecta armonía con su fachada. En esta podemos ver inscripciones realizadas en ladrillo recortado ofreciendo el mejor documento histórico de la mezquita. Es un pequeño monumento donde podréis ver uno de los ábsides de origen Cristiano más antiguo que imitaron las restantes construcciones del mudéjar toledano. Y, para terminar sin contar más de la cuenta, os pediré que os fijéis en los arcos externos polilobulados con restos de policromía que embellecen la fachada noroeste de la mezquita.

No podía dejar pasar este monumento sin contaros la leyenda que se describe en él, más aún sabiendo mi predilección por las mismas. Como suelen comenzar estas narraciones quienes las cuentas os diré que… “Cuenta la leyenda, que el día que entró Alfonso VI en Toledo en 1085, su caballó hincó la rodilla en una losa blanca delante de la mezquita, entraron en el templo y vieron una luz que provenía de una pared. Excavaron y encontraron un cristo crucificado que había sido escondido allí, para protegerlo, junto con una lamparita que seguía ardiendo, así que le llamaron el Cristo de la Luz y, a la mezquita, Ermita del Cristo de la Luz.”

Terminada la visita del Cristo de la Luz, encaminaremos nuestros pasos hacia El Entierro del Señor Orgaz. En este lugar podremos admirar la obra más conocida y valorada de El Greco, pintor nacido en Creta en el año de 1541 y que se afincó en la ciudad de Toledo hacia el 1577. Aquí recibió el encargo de pintar la obra de la que hablamos por encargo del párroco de la Iglesia de Santo Tomé. Se trataba de representar una historia local, el milagroso entierro de don Gonzalo Ruiz, un piadoso caballero que falleció en el 1323 y que, al parecer, se distinguió por su generosidad para con los religiosos toledanos.

De aquí pasearemos por las pedregosas calles de Toledo hasta llegar a nuestro siguiente destino: la Iglesia del Salvador. Por desgracia, esta iglesia sufrió varios incendios, siendo el peor de todos el acontecido en 1823, donde tuvieron que rehacer parte de la iglesia, desapareciendo una de las arquerías y parte del edificio. En los años 50 se reconstruyeron ambas partes y la última restauración se realizó en el 2009. Es por ello que poco se puede ver de su origen, no obstante, hay una peculiaridad que sobrevivió a las desavenencias de la crueldad del tiempo. Una pilastra de época visigoda se mantiene en pie ofreciendo a los visitantes un testigo vivo de los siglos IV-VII.

Sinagoga Santa María la Blanca

Nos dirigimos ahora hacia el Real Colegio de Doncellas nobles donde dos son sus joyas. Por un lado nos encontraremos con el sepulcro del Cardenal Silíceo que falleció en el 1557; nacido en una familia humilde, estudió en París y fue autor de numerosas publicaciones. En el sepulcro queda representada primorosamente la figura yacente del cardenal con magníficos detalles en su vestimenta litúrgica. Por otro lado, no hay que dejar de visitar la Sala Rectoral de aspecto decimonónico que nos evoca el lugar donde se celebraron los actos más solemnes de la vida del Real Colegio.

Ahora sí, nos trasladamos ya a los dos grandes monumentos de esta opción turística de la que hablé al principio. La primera parada será en la Sinagoga de Santa María la Blanca.

Santa María la Blanca fue la antigua sinagoga mayor de la judería de Toledo, teniendo culto judío hasta el 1411 año en el que fue consagrada como templo cristiano. Como veréis en la foto anterior, la belleza de sus yeserías y la blanca luz que penetra en su interior, invitan al paseo y la meditación, mientras se disfruta del enorme bosque que forman sus columnas.

Y, por último, visitaremos el Monasterio de San Juan de los Reyes que fue construído como homenaje a la batalla de Toro y al nacimiento del hijo de los Reyes Católicos, Juan. En principio, esta edificación comenzó su construcción para ser mausoleo real allá por el año de 1477, sin embargo, la conquista del reino de Granada en 1492 hizo variar su primer propósito, ordenando ser sepultados en la nueva ciudad cristiana. En este monumento histórico podréis admirar tres grandes espacios: la Capilla Mayor, el Claustro bajo y el Claustro alto“.

Espero que este pequeño avance virtual de la ciudad, que es escenario principal de Toletum, os haya gustado pues os espero la próxima semana con un nuevo artículo en el que os hablaré de otro de los escenarios que, aunque tan solo aparece al principio de la historia, tiene un especial interés personal tanto por su historia como por cuántas leyendas se han creado a su alrededor.


TOLETUM

En una España herida de mediados del siglo XIX, una reliquia legendaria escondida en las misteriosas calles de Toledo será el detonante que enfrentará a nobles, regios y antiguas sociedades secretas, que no cederán ante nada ni nadie con tal de hacerse con el preciado tesoro.


El futuro de España está en juego.
El final de una estirpe se acerca.
Solo uno conseguirá la reliquia

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5 libros para leer este verano 2021 (I)

Os dejo mi última entrada en el blog En clave literaria. Hacía tiempo que no hacía una de mis listas de libros y creo que el verano es el momento ideal para regresar

En clave literaria

Hacía mucho tiempo que no aparecía por estos lares, pero me apetecía mucho regresar a mis queridas listas que, ya os adelanto, regresan con más fuerza que nunca. Llegan los top5 mensuales y empezamos por el veranito.

El verano es el mejor aliado para escapar de la realidad perdidos entre playas y montañas. Es la estación perfecta para tumbarnos, libro en mano, bajo la sombra de un enorme árbol mientras escuchamos el piar de pájarillos que vuelan a nuestro alrededor.

Bueno, no me voy más por las ramas y comienzo ya por el primero de ellos.

GLOUCESTERSHIRE IRA Y VENGANZA de J.P. Sirés

Esta es una historia que recomiendo un tanto a ciegas porque aún no he tenido el placer de leerla, pero estoy deseando hacerlo. Es un thriller de época victoriana cuya portada y sinopsis ya invitan a caer en sus redes.

Querido lector, vas a vivir el suspense…

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