RESEÑA: EL HÚSAR de Arturo Pérez-Reverte

Título: El húsar

Autor: Arturo Pérez-Reverte

Como ya comentara en la semana anterior, quiero darle una vuelta de tuerca a este blog y enfocarlo, casi en exclusiva, hacia el siglo XIX. Para ello, una serie de artículos históricos sobre la época, sobre personajes ilustres, sobre obras decimonónicas y lecturas que nos hagan viajar hasta aquella España del XIX.

Es a razón, precisamente, de lo anteriormente expuesto, que hoy recupero una reseña que publiqué en mi página de Facebook hace dos años y que, creo, puede ser de interés.

Sinopsis:

Andalucía, 1808. En el apogeo del poderío militar napoleónico, las tropas imperiales se enfrentan a un ejército de campesinos y guerrilleros. Frederic Glüntz, joven subteniente incorporado a su regimiento en vísperas del combate, no tardará en descubrir que la cruel guerra de España dista mucho de parecerse a las enseñanzas recibidas en la escuela militar. Y esa realidad terminará imponiéndose sobre el campo de batalla, en el curso de una dramática carga de caballería, a cuyo término el húsar se verá a sí mismo franqueando una muy personal línea de sombra, en trágica reflexión sobre la guerra, la muerte y el sentido de la propia existencia.

OPINIÓN PERSONAL:

Esta semana se ha lanzado al mercado la última novela del consagrado autor Arturo Pérez-Reverte, en la cual nos narra una historia donde mezcla la leyenda, el mito y la histórica figura del CID y, mientras, yo aquí me encuentro saboreando la que fue su primera novela, escrita aquel año que me vio nacer de 1983 y publicada tres años después. El húsar narra la historia ficticia de un oficial Húsar desplegado en el sur de España, su acción en la batalla y lo que ello supuso para sí. Una obra que nos traslada a nuestra Guerra de la Independencia, un episodio bélico que me apasiona enormemente y, quizás, por ello, por lectores que como yo ansían introducirse en novelas históricas que nos trasladen a aquella época y que como muchos otros lectores comprobamos cada apunte que, por alguna razón, nos descoloca o nos «chirría», Pérez-Reverte acertó en anunciar que esta no es una novela histórica pues no se libró en Andalucía ninguna batalla con las características de la descrita en la novela, exceptuando la batalla de Bailén que tuvo lugar en circunstancias muy diferentes.

En esta ocasión, el autor todavía no muestra esa pluma característica de su firma donde describe con abrumadora fidelidad cada detalle o escena que se acontece en la narración. Es mucho más ágil, más directa, más, quizás, libre; pero siempre con la evidencia de su nombre. Es, a pesar de ser una obra ficticia, una lectura que considero muy atractiva para los lectores amantes del género histórico, del género bélico. Sin embargo, sí le vi un «pero», quizás debido a su consolidada profesión como reportero de guerra que en aquellos años se encontraba en plenitud, creo que añade temores y valores que se alejan un poco de la época.


Puedes conseguir la novela a través del siguiente enlace donde, además, me ayudarás a mantener esta página activa: https://amzn.to/3vUUmF6

TOLETUM: Contexto Histórico

La semana pasada daba comienzo a una nueva etapa en este blog, quiero convertirlo en una herramienta de consulta para con quien quiera saber y conocer cuanto aconteció en un pasado siglo XIX. Y, aunque me centre, sobre todo, en la literatura y el primer tercio del mismo, también quiero recordar a los valientes e ilustres personajes de aquella España decimonónica y, quizás, también de Europa. El anterior artículo, en el que realizaba un resumen muy genérico de la época, podéis leerlo aquí: España en el siglo XIX y algo más.

El siglo XIX se inicia en España con una terrible guerra, cuyo efecto y consecuencias comienzan a resquebrajar las estructuras del Antiguo Régimen, dando paso a una nueva etapa caracterizada por el advenimiento y desarrollo del estado liberal. Este cambio, aparentemente revolucionario, será sin embargo el inicio de un camino lento, un sendero lleno de grandes contradicciones en los que la nueva organización sociopolítica convivirá con muchos elementos del régimen anterior y provocará un clima de conflicto social y político cuyas consecuencias se extenderán hasta bien entrado el siglo XX.

La España surgida de la Guerra de Independencia (1808-1814) es la de un país conmocionado, dividido y convulso. La guerra ha provocado una elevadísima mortandad en una sociedad preindustrial, la destrucción del tejido productivo, de infraestructuras, así como la desarticulación de la organización política y hacendística. Franceses e ingleses han combatido en su territorio sin cuartel dejando el país en unas condiciones miserables. Pero no solo ha sido una guerra contra una ocupación extranjera. Ha sido también una guerra civil, en la que absolutistas, moderados, liberales, afrancesados, han ido tomando posiciones y formando bandos que condicionarán la política española en las siguientes décadas.

El liderazgo de Fernando VII, rey desde 1808, no ayuda a mejorar la situación. Ferviente defensor del absolutismo real, pero poco dotado para los asuntos de gobierno en un país arruinado y necesitado de dirección, ha de hacer frente la doble amenaza del creciente movimiento liberal y a las insurrecciones en los virreinatos americanos, que aprovechan su debilidad para iniciar el proceso irreversible hacia su independencia.

Los recursos son insuficientes para atajar la rebelión y, finalmente, el imperio americano se verá reducido a las posesiones antillanas, que se mantendrán hasta la guerra de cuba. Más suerte tuvo en su política interna en la que, con el apoyo de las potencias europeas extranjeras, pudo mantener el control a pesar de la oposición liberal y su breve triunfo durante el Trienio liberal (1820-1823).

Sus últimos años de reinado, aunque aparentemente fuertes, verán crecer las expectativas de los sectores más moderados del liberalismo. La necesidad de frenar la oposición y apuntalar a su sucesora frente a las aspiraciones del sector más conservador del absolutismo agrupado en torno a su hermano Carlos María Isidro, tejerán una alianza entre moderados de ambas tendencias, que serán el apoyo más firme de la regente María Cristina tras el fallecimiento del rey en 1833.

Una nueva guerra civil amenazaba España. El pretendiente Carlos se proclama rey y levanta gran parte del país contra el gobierno de su sobrina Isabel y de la regencia. La guerra, aunque localizada especialmente en ciertas regiones del norte, Mediterráneo y la Meseta norte, llega a amenazar la estabilidad del gobierno que, finalmente se ve obligado a ir más allá en las concesiones a los liberales y dotar a España de una Estatuto Real (1834) primero y, finalmente, de una segunda Constitución (1837).

La guerra supuso un gran esfuerzo. La hacienda real fue reorganizada y los recursos aumentados. La desamortización desmanteló rápidamente gran parte de las estructuras feudales existentes en el campo, pero empeoró paradójicamente la situación del campesinado, que perdieron sus derechos de explotación seculares, frente a los nuevos grandes terratenientes capitalistas, pasando en gran parte a la situación de jornaleros.

La burguesía, por su parte, floreció en las ciudades, sustituyendo y emparentando con la antigua nobleza terrateniente. Aparecieron grandes fortunas que comenzaron a dirigir los destinos del país, aunque el despegue industrial todavía fue lento e incompleto ya que en muchos casos se invirtió en tierras y grandes explotaciones agrícolas.

La guerra, aunque perdura en determinados territorios, termina de facto con el convenio de Vergara (1839), protagonizado por el general cristino Espartero y el general carlista Maroto. Espartero, encumbrado tras el conflicto, comienza a rivalizar con la regente en el poder dando finalmente un golpe de estado en 1840 sustituyéndola y provocando su exilio. Carlistas y partidarios de María Cristina, así como opositores al nuevo regente, han de optar, en muchos casos, por el exilio esperando un cambio de rumbo en la península. La madre de Isabel no cesó nunca en su empeño de recuperar una regencia que consideraba le correspondía por derecho y sus agentes en España conspiraron para tratar de contrarrestar el poder de Espartero aprovechando su tendencia a crearse enemigos internos.

Pero para la mayoría de los españoles, estas peleas escapaban a su comprensión y a sus problemas diarios, ya que, exceptuando la minoría dirigente e ilustrada, la mayor parte del país seguía viviendo en condiciones muy precarias. No obstante, las ciudades poco a poco crecían, y la burguesía urbana comenzaba a desplegar su poder como nueva oligarquía dominante, mostrando su riqueza e influencia en sus casas, en la vestimenta, en sus costumbres y hábitos, en sus reuniones sociales. Teatros, cafés y clubs políticos mostraban el pulso de nuevo tipo de sociedad, cada vez más alejada del Antiguo Régimen y cercana a las nuevas modas de la época industrial.

Toledo, ciudad imperial, antigua capital visigoda y urbe medieval, no vivía su mejor época. Como otras grandes ciudades medievales de la meseta castellana, su importancia había caído frente a las nuevas áreas industriales del Norte y el Mediterráneo y, sobre todo, frente al crecimiento de Madrid. Pero su pasado seguía vivo, y ese estancamiento permitió que gran parte de su patrimonio no desapareciera bajo los nuevos tiempos. De esta manera, la ciudad museo que contemplaron los personajes de esta novela sigue en gran parte en pie, y puede ser visitada y recorrida casi en la misma atmósfera que en aquellos románticos años cuarenta del siglo XIX.


Puedes comenzar a leer la novela a través del siguiente enlace: https://mireiagimenez.com/2021/01/07/toletum-una-aventura-de-otra-epoca-avance/

Si quieres recibir un ejemplar firmado y dedicado por la autora escribeme a mireiagimenezhigon.autora@gmail.com o a través del siguiente formulario. Muchas gracias.

ESPAÑA EN EL SIGLO XIX Y ALGO MÁS

Llevaba tiempo ya tras este proyecto y creo que ya va siendo hora de ponerlo en marcha. Con este artículo quiero dar comienzo a una serie de artículos tanto de historia como literarios, relativos al siglo XIX. Quiero hablar de su historia, de su sociedad, de la vida, conflictos y personajes ilustres o que no lo fueron tanto. No quiero el compromiso de escribir un día marcado de la semana, o del mes, o del año, sino hacerlo cuando crea conveniente, cuando tenga algo bien estructurado y fundamentado que contar.

Hoy, simplemente, voy a haceros un resumen muy genérico de cuanto aconteciera en la España del XIX y, en el futuro, según vaya añadiendo contenido a esta sección, iré enlazando dicho contenido a esta página que considero la principal. Así, al hablar de escritores como Gustavo Adolfo Bécquer, Emilia Pardo Bazán, Benito Pérez Galdós o Miguel de Unamuno, solo tendría que enlazar su nombre con el artículo en cuestión. También os hablaré de las obras que la alta sociedad leía como a la anglosajona Jane Austen, o al francés Julio Verne; pero todo a su debido tiempo.

España pasó de tener una sociedad estamental dominada por la nobleza y la Iglesia, a tener una sociedad de clases en la que la nobleza tuvo que compartir su poder con la burguesía comercial , la burguesía industrial  y la burguesía financiera .  La población se duplicó pasando de 11 millones en 1800 a 18 en 1900. Esto fue debido a las mejoras sanitarias y al aumento de la producción.  

El primer intento de quitar el poder a la nobleza y la Iglesia lo realizaron las Cortes de Cádiz durante la Guerra de Independencia española (1808-14), pero no tuvo éxito porque cuando se acabó la guerra y volvió Fernando VII (1814-33), la nobleza y la Iglesia recuperaron sus privilegios y se repuso el sistema absolutista.  

Al morir Fernando VII y empezar la regencia Mª Cristiana de Borbón (1833-40) empezaron a cambiar las cosas de forma definitiva. Se acabó con los privilegios de los estamentos y se instauró la igualdad ante la ley. La Iglesia dejó de ser el principal propietario de tierras porque sus tierras fueron confiscadas y subastadas por los gobiernos liberales. Esto se conoce como desamortizaciones. Lo mismo se hizo con las tierras comunales de los ayuntamientos durante el reinado de Isabel II (1843-68), lo que perjudicó a los pequeños campesinos.

Durante el siglo XIX, sobre todo durante el reinado de Isabel II (1843-68), se produjo la industrialización con la incorporación de máquinas en las fábricas y la construcción de una  red radial de ferrocarriles que tenía como centro Madrid. España se industrializó aunque en menor medida que otros países de Europa occidental. Principales zonas industriales: 

  • Industria textil en Cataluña
  • Siderúrgica (hierro) en Vizcaya
  • Minería en Asturias, Huelva y Sierra Morena
  • Pequeñas zonas industriales en Madrid, Valencia, Zaragoza, Alcoy y otras ciudades. 

Aunque hubo éxodo rural y las ciudades crecieron, la industrialización fue limitada así que la agricultura siguió siendo el sector económico que ocupaba a la mayor parte de la población. Por eso se siguieron produciendo crisis de subsistencia y serán frecuentes las revueltas rurales

Las duras condiciones laborales de los trabajadores de la industria y el desigual reparto de los beneficios hizo crecer la conflictividad laboral en forma de manifestaciones y huelgas que empezó durante el reinado de Isabel II. En este período se crearon los primeros sindicatos obreros. 

Durante la etapa posterior, el Sexenio Democrático, los sindicatos y otras asociaciones obreras se asociaron formando la sección española de la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores). En este período tuvieron un papel muy activo organizando huelgas, revueltas y sublevaciones lo que llevó a su ilegalización en el período posterior: la Restauración.

España pasó de ser una monarquía absolutista a inicio del siglo a una monarquía parlamentaria. La consolidación de la monarquía parlamentaria tuvo varios momentos:

ALFONSO XII
  1. Con la invasión francesa y la proclamación de su hermano José I como rey de España (1808) se produjo una guerra civil entre sus partidarios los afrancesados  y el ejército francés contra sus detractores los patriotas: la Guerra de Independencia (1808-14). En esta guerra murió cerca de medio millón de españoles (uno de cada 24) y se produjeron grandes destrozos materiales en las ciudades y en las vías de comunicación. Los contrarios al rey francés convocaron a representantes de todas las provincias en las Cortes de Cádiz en 1812. Cortes es cómo llamamos a la reunión de representantes de la nación. Siguiendo las ideas liberales las Cortes elaboraron la Constitución de 1812 en la que se declaro que la soberanía, es decir, el derecho a ejercer el poder directa o indirectamente, lo tiene la nación española a través de sus representantes. La nación liberal es aquella formada por el conjunto de los ciudadanos con los mismos derechos. Las Cortes de Cádiz querían a Fernando VII como monarca al que creían prisionero de Napoleón. 
  2. Cuando acabó la guerra comenzó el reinado de Fernando VII (1814-33). Este monarca volvió al absolutismo anterior y persiguió a los liberales que habían estado luchando por él durante la Guerra de Independencia. Así fue salvo el corto período llamado Trienio Liberal en el que los liberales accedieron al poder gracias al ejército. Entonces Fernando VII pidió ayuda al ejército francés que entró en España de nuevo pero esta vez para expulsar a los liberales. Poco antes de morir cambió las leyes para que pudiera gobernar su hija, lo que enfadó a su hermano, el heredero anterior.  
  3. Tras la muerte de Fernando VII se produjo la guerra carlista (1833-40), una nueva guerra civil entre los partidarios de su hermano Carlos con ayuda de los absolutistas y los partidarios de la hija de Fernando VII, Isabel dirigidos por su madre María Cristina de Borbón con la ayuda de los liberales. Finalmente los carlistas fueron derrotados y los liberales accedieron al poder. Como Isabel era muy pequeña, durante su minoría de edad estuvieron como regentes (gobernando temporalmente) su madre María Cristina de Borbón y después el general Espartero (que había vencido a los carlistas). 
  4. Durante el gobierno de los regentes (1833-43) y el reinado de Isabel II (1843-68)  España deja de ser absolutista y se convierte en una monarquía parlamentaria constitucional, ya que tiene una constitución o ley suprema elaborada por los representantes de la nación que establece la igualdad ante la ley. Se divide el territorio en provincias y se amplía el Estado con nuevas instituciones. Los liberales se dividen y se turnan en el poder elaborando varias constituciones de esas dos tendencias:  
    1. Liberalismo moderado. Partidarios de una monarquía parlamentaria en la que voten solo los propietarios más ricos (1% de la población) y que el poder esté repartido entre el parlamento y el monarca. 
    2. Liberalismo progresista. Partidarios de una monarquía parlamentaria en la que voten más propietarios (10% de la población) y que el parlamento tenga más poder que el monarca. 
  5. La tendencia de la reina a gobernar solo con los liberales moderadores y a boicotear al resto de partidos unido a una crisis económica y el descontento de las clases bajas, provocó la Revolución Gloriosa por la que la reina fue derrocada y se estableció una monarquía constitucional con sufragio universal masculino lo que se conoce como liberalismo demócrata. Se eligió como monarca a un príncipe italiano llamado Amadeo de Saboya, pero renunció al poco tiempo por los problemas: revueltas sociales de campesinos y obreros por la crisis económica, también se habían sublevado los cubanos partidarios del independentismo (1ª Guerra de Cuba), se habían sublevado los carlistas partidarios de la monarquía no democrática (3ª Guerra carlista) y además era difícil gobernar por las luchas políticas entre partidos.  
  6. Como no encontraron otro candidato adecuado para reinar se acabó proclamando la Primera República en 1873. El liberalismo republicano se caracteriza por ser reivindicar casi lo mismo que el liberalismo demócrata, pero en este caso no quieren que haya un monarca. Tampoco duró mucho porque las sublevaciones sociales, cubana y carlista se unieron las sublevaciones de los federalistas y una nueva guerra cantonalista. 
  7. La falta de opciones hizo que los militares entronizaran al hijo de Isabel, Alfonso XII en 1874 restaurandose así la dinastía Borbón en forma de monarquía parlamentaria.

España estaba siendo gobernada por la dinastía (familia) Borbón desde la Guerra de Sucesión Española (1700-1715). Durante casi todo el siglo XVIII, España mantuvo la alianza con Francia, gobernada por la misma familia, hasta que la Revolución francesa puso fin a la dinastía Borbón en Francia. 

Con el ascenso al poder de Napoleón, España volvió a aliarse con Francia contra su enemigo tradicional: Inglaterra. Pero las flota combinada franco española fue derrotada por la Inglesa en la batalla de Trafalgar (1805). España nunca volverá a tener una flota tan poderosa.  

Desde 1808 las tropas francesas ocupan la península ibérica y Napoleón nombra a su hermano José rey de España. Durante la Guerra de la independencia española y el reinado de Fernando VII, se produjo la Guerra de Independencia de Hispanoamérica en la que los criollos (descendientes de españoles) se sublevaron y lograron la independencia de los territorios americanos con ayuda de Reino Unido. Se crearon varias repúblicas que rompieron sus relaciones con España y entraron en los circuitos económicos de Reino Unido primero, de EE.UU. después. España perdió todo su imperio menos Cuba y Filipinas

Durante la 2ª mitad del siglo XIX, mientras que los países más industrializados creaban poderosos imperios, España solo obtuvo pequeños enclaves en África (lo que hoy se conoce como Sahara occidental y Guinea Ecuatorial). Esto fue debido a los problemas financieros del Estado y al escaso desarrollo de su industria.

Y hasta aquí el resumen, muy resumido, de la historia de España en el siglo XIX. El resumen, debo decir, que no es cosa mía, sino de un profesor de secundaria que se llama Francisco. Me gustó mucho como resumió este periodo histórico para sus alumnos y es por ello que lo comparto con todos vosotros.