INCOHERENCIAS EN LA NARRACIÓN: QUÉ ES Y COMO EVITARLAS

En demasiadas ocasiones nos encontramos con un porcentaje elevado de incoherencias entre los libros de autores autopublicados o indies. Esto se debe al número, en mi opinión, excesivo de obras publicadas sin un mínimo de asesoramiento previo y profesional que ayude al nuevo autor en su viaje literario. Es más que evidente las facilidades que los autores independientes tienen a la hora de publicar su obra, lo que supone una triste realidad en cuanto a calidad literaria se refiere.

En esta ocasión me gustaría profundizar en una única cuestión que debe ser completada con otras lecciones de autopublicación: la incoherencia en la narración. En el último año he podido comprobar como en ciertas lecturas el autor no ha tenido en cuenta varios factores como puede ser la línea temporal haciendo que sus personajes no actuaran en consonancia con el tiempo transcurrido desde una acción a otra, o como han obviado los rasgos y aptitudes de sus personajes, lo que provocaba que una mujer de carácter dócil y educada tuviera una reacción alarmante, visceral y fuera de lugar ante una situación común de la actualidad, o como un chico que trabaja en un taller de coches de un barrio cualquiera decide regalarle un coche de segunda mano y arreglado por él mismo a una chica a la que apenas conoce desde hace mes y medio. Todas estas incoherencias en la narración provocan una repulsa directa del lector.

Un lector perdona casi cualquier cosa: alguna falta ortográfica que se haya escapado en la corrección, la gramática puede sorprenderle, etcétera; pero lo que jamás perdona es la incoherencia en sus lecturas.

Cuando un lector percibe este tipo de errores en su lectura, puede suponer una pérdida de interés inmediato ante una trama que, de otro modo, quizás hubiera alcanzado una muy buena crítica aportando, a su vez, mayores ventas y reconocimiento en este mundo de autopublicados donde el máximo exponente es el boca a boca y la difusión en redes sociales. Por ello, se considera de especial relevancia tomar conciencia de este problema que tantos autores y autoras indies arrastran.

Ahora bien, ¿cómo podemos evitar este tipo de incoherencias en nuestros textos?

En primer lugar, diferenciaremos entre autores de mapa y autores de brújula. Si usted se considera un autor novel le aconsejaría ser un autor de mapa. Le explico por qué. Un autor de mapa es aquel que se estructura, en mayor o menor medida, la historia que va a narrar, de este modo se asegura que toda la trama tiende hacia uno mismo fin y así se ahorra que haya incoherencias en cuanto al tiempo, relación de personajes e, incluso, intercambio de personalidades. Mientras que, un autor de brújula es aquel que directamente se lanza a escribir con una idea que ronda en su cabeza y que irá cartografiando según avance en su novela. Bien, en mi humilde opinión, hay que tener cuidado con aquellos autores nóveles que se autodeclaran de brújula, pues suelen ser los mismos que cometen este error: la incoherencia en la narración.

Es en este punto donde un escritor profesional y con experiencia en la materia puede atreverse a realizar o narrar una novela con el único esquema de su memoria, pues dota de veteranía, práctica y maestría refutada para una trama sin errores de coherencia.

Para cualquier autor, es de soberana importancia conocer en cada momento la situación de su novela y qué rumbo debe seguir con cada giro. Si usted no tiene clara la estructura, es más que aconsejable que realice una, un mapa en el que organizar la historia de principio a fin. Así, cualquier nuevo giro inesperado siempre podrá efectuarse de una manera más concreta y sin forzar situaciones que de otro modo no tendrían sentido. Por ejemplo, si está escribiendo una novela romántica y considera que, llegados a un punto, una pareja debe separarse tiene que haber un por qué y no forzar las reacciones de sus protagonistas.

Uno de los puntos más importantes, a raíz de lo descrito con anterioridad es, precisamente, la línea temporal. Es de vital importancia tener un control absoluto sobre el espacio-tiempo en la narración. El año pasado tuve la suerte de realizar un informe acerca de una novela de ficción, cuyo título y autor prefiero dejar al margen, en la que un virus desgarraba la sociedad transformando a seres humanos en zombis. En esta ocasión, el autor nos relataba que un profesor de nanorobots aplicados a la microbiología en cierta universidad les contaba a sus alumnos la importancia de una vacuna, que se inyectaba en los recién nacidos, hacía inmunes a los humanos de cierta edad ante la mayoría de las enfermedades comunes y que, gracias a ello, sus propios alumnos nunca habían enfermado. Esto no tendría mayor trascendencia si dos capítulos anteriores el autor no hubiera situado la invención de dicha vacuna a tan solo quince años atrás, por lo tanto, los alumnos universitarios jamás podrían haber sido vacunados puesto que su edad supera los diecisiete o dieciocho años. Por suerte, estos aspectos fueron subsanados por el novelista y hoy es una gran lectura que, para los que hayáis descubierto de qué novela hablo, recomiendo. En este punto solo cabe recalcar la importancia de dicha línea temporal para no realizar gazapos como el del ejemplo, fáciles de cometer y mucho más fáciles de reconocer por parte del lector.

Por otro lado, tenemos la eterna figura del “Deus ex machina” que se debe intentar evitar a toda costa, salvo que la trama así lo exija, cosa que no suele suceder y deja al lector con la sensación de haber sido engañado justo en la recta final. ¿Qué es el “Deus ex machina”? Es una figura que se usa para referirse a un elemento externo que resuelve la historia sin seguir su lógica interna. Por ejemplo, la aparición del héroe en el momento justo, la torpeza forzada del villano para estropear sus propios planes o la orden del soberano que libera al protagonista a tiempo justo antes de ser ejecutado. En este caso hay un ejemplo muy claro en la película Destino de caballero, cuando al protagonista, que ha sido descubierto en su falso legado de caballero, lo sentencian a muerte y aparece el Rey en el momento preciso, de incognito para que nadie lo reconozca, y libera al preso para nombrarle caballero de pleno derecho y ya que es su palabra soberana no puede ponerse en duda.

A pesar de ser una figura difícil de evitar hay maneras de eludirla utilizando los llamados planting y pay-off. Esto consiste en añadir en un momento determinado un elemento o varios en la trama de manera sutil (planting) para después rescatarlo a modo de evidencia para la resolución de la trama (pay-off). Aquí también hay que tener cuidado, pues los planting tienen que ser muy sutiles y tampoco poner demasiados o estaréis medio libro explicando las razones de enlace con el pay-off. De este modo, el lector recordará este elemento que ayuda al desenlace sin sentirse defraudado por una magia externa que, de pronto, resuelve toda la trama sin coherencia ni sentido alguno.

En tercer lugar, podríamos nombrar ya a los personajes. Aquí remarco la necesidad de realizar una ficha por cada uno de los personajes principales o que tengan un papel decisivo dentro de la trama a desarrollar. Los lectores deben sentir empatía con cada uno de los protagonistas ya sean héroes o villanos. Todo hombre o mujer tiene un pasado que le hace actuar de una manera u otra ante una situación, pues ese pasado ha forjado en ellos una personalidad que debe estar acorde con sus reacciones. Como ya comenté, una persona dócil y con educación jamás ensalzaría la voz ni actuaría de manera visceral ante una situación corriente. O, del mismo modo, un villano no puede querer la destrucción del universo conocido solo porque de pequeño un perro le quitó un caramelo. Aunque parezca absurdo, hay demasiadas ocasiones en las que el malo es malo porque sí, porque así lo ha decidido el autor y punto. Por ejemplo, hay cierto libro en el cual una chica odia a la protagonista por unos celos que jamás llegaron a esclarecerse en la novela ¿por qué le tiene celos a la protagonista? ¿Qué tiene ella que la otra no? ¿Qué le ha arrebatado que tanto le importa para tener esa clase de celos hasta el punto de hacerle la vida imposible? Tiene que haber un por qué. Siempre.

Otro ejemplo que también me sucedió en otra revisión es el tema de los acentos de los diferentes lugares o países del mundo. El autor en cuestión, situaba la trama en diferentes zonas del planeta y para que el lector tuviera una mayor visión global del lugar, esa fue su explicación, utilizó clichés o frases hechas de algunos lugares como “sho me shamo” en lugar de yo me llamo para referirse a Argentina o el intercambio de la L por la R cuando hacía referencia a la población china y, sin embargo, no lo hacía cuando hablaba un español de Córdoba con su peculiar acento. En esta ocasión, la solución era llana y simple, describir el lugar y situación de cada conversación, de este modo uno evita cometer errores de estilo.

Por último, algo que parece coherente pero que muchos olvidan. La narración, en general, o es en primera persona o en tercera, pero no en ambas. Reconocer al tipo de narrador puede resultar imposible al lector si el propio autor no consigue una armonía entre ambas personas. Si el narrador es omnisciente u observador, siempre se usará la tercera persona. En cambio, si el narrador es el propio protagonista o personaje secundario, se usará la primera persona para relatar los diferentes acontecimientos. Y, la segunda persona, se podrá usar cuando se quiera crear el efecto de estar contándose la historia a sí mismo o a un yo desdoblado.

Aquí me pondré yo misma como ejemplo. En mi novela, El juego de la verdad, uso dos tipos de narradores simultáneos. ¿La razón? El relator es una adolescente que está contando su historia, pero que debe contar también la de su mejor amiga para poder entender qué le sucedió. Al ser una novela a mitad camino del thriller y lo paranormal, el narrador está claramente diferenciado en cada uno de los diversos acontecimientos que se suceden en la novela.

En conclusión, la incoherencia en la narración es un mal que aparece con asiduidad en los escritos de los autores nóveles pero que, por suerte, es muy fácil de evitar con cuatro puntos clave:

1.- Usar un mapa o estructurar la novela.

2.- Realizar una línea temporal.

3.- Usar fichas de personajes.

4.- Decidir qué tipo de narrador llevará nuestra novela.

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