EMILIA PARDO BAZÁN

Para hablar del siglo XIX, sobre todo de esa segunda mitad que dió inicio al siguiente siglo, debemos hablar de una de las escritoras con mayor fuerza: Emilia Pardo Bazán.

Emilia Pardo Bazán era hija de los Condes Pardo Bazán y heredó el título en 1890 cuando contaba con 39 años de edad. En 1869 se casó con José Quiroga Pérez de Deza y trasladó su residencia a Madrid.

Era una mujer enamorada de la literatura española, al parecer era una gran lectora de escritores españoles y de algunos extranjeros. Tanto fue así que un día decidió seguir sus pasos y comenzar a escribir, en aquel momento no sabía que ella sería una de las grandes letras de esa literatura que tanto amaba. No solo sería una escritora de gran relevancia de entonces y de hoy, sino que se convertiría en una de las figuras que trascenderían gracias a las ideas feministas que adelantaban su tiempo.

En 1876 publicó su primera novela Estudio crítico de Feijoo. Es una obra, dicen que la más ambiciosa de esta autora, en la que realiza un recorrido por la vida y obra del que fuera hijo de Ourense: Fray Benito Feijóo. Según ella misma, le dedició dos años completos al estudio, un «atrevido propósito y empresa magna«. Admiradora de la personalidad y la obra del fraile, doña Emilia opinaba que Feijóo “cautiva como escritor y asusta como sabio… Es de los escritores que hacen del lector un amigo. Al principio sorprende su ingenio, su erudición pasma, su perspicacia asusta, pero después su sinceridad enamora, su religiosidad y su elevación de miras penetran y edifican y esa es la impresión que deja en el espíritu”.

Entre su gran bibliografía también se contaron innumerables artículos y relatos publicados en muy diversos periódicos y revistas. En este de la imagen que se adjunta denunciaba en 1909 la marginalidad de la mujer:

«-¿Y qué colocación es esa?-preguntaron con igual afán madre é hija.

-Es … es … frente á mi establecimiento … En la cervecería. Un servicio que apenas es servicio. Todo lo hacen mujeres. Allí vería yo á la niña con frecuencia, porque voy por las tardes á entretener un rato. Hay música, hay canto … Es precioso.

Las náufragas se miraron … Casi comprendían.

-.Muchas gracias … Mi niña … no sirve para eso, protestó el burgués recato de la madre.

-No, no, cualquier cosa, pero eso no- declaró á su vez la muchacha, encendida.

Y corrió tiempo. Las náufragas salieron á la calle á la hora deliciosa del anochecer. Llevaban los ojos como puños. Madrid les parecía -con su lujo, con su radiante alegría de primavera- un desierto cruel, una soledad donde las fieras rondan. Tropezarse con la florista animó por un instante el rostro enflaquecido de la joven lugareña».

En 1879 publicó su primera novela, Pascual López, influida por la lectura de Pedro Antonio de Alarcón y de Juan Valera, y todavía al margen de la orientación que su narrativa tomaría en la década siguiente. Con Un viaje de novios (1881) y La tribuna (1882) inició su evolución hacia un matizado naturalismo.

En 1882 comenzó, en la revista La Época, la publicación de una serie de artículos sobre Émile Zola y la novela experimental, reunidos posteriormente en el volumen La cuestión palpitante (1883), que la acreditaron como uno de los principales impulsores del naturalismo en España. Frente a los principios ideológicos y literarios de Zola, Emilia Pardo Bazán acentuaba la conexión de la escuela francesa con la tradición realista europea, lo que le permitía acercarse a un ideario más conservador, católico y bienpensante. De su obra ensayística cabe citar, además, La revolución y la novela en Rusia (1887), Polémicas y estudios literarios (1892) y La literatura francesa moderna (1910), en las que se mantiene atenta a las novedades de fines de siglo en Europa.

El método naturalista culmina en Los pazos de Ulloa (1886-1887), su obra maestra, patética pintura de la decadencia del mundo rural gallego y de la aristocracia, y su continuación La madre naturaleza (1887), fabulación naturalista que, al contrario que en José María de Pereda, demuestra que los instintos conducen al pecado. Asimismo, Insolación (1889) y Morriña (1889) siguen insertos en la ideología y en la estética naturalista.

Con posterioridad, la obra de Emilia Pardo Bazán evolucionó hacia un mayor simbolismo y espiritualismo, patente en Una cristiana (1890), La prueba (1890), La piedra angular (1891), La quimera (1905) y Dulce sueño (1911). Esta misma evolución se observa en sus cuentos y relatos, recogidos en Cuentos de mi tierra (1888), Cuentos escogidos (1891), Cuentos de Marineda (1892) y Cuentos sacroprofanos (1899), entre otros. También es autora de libros de viajes (Por Francia y por Alemania, 1889; Por la España pintoresca, 1895) y de biografías, como las dedicadas a San Francisco de Asís (1882) y al conquistador de México, Hernán Cortés (1914).