TRAS LOS PASOS DE TOLETUM (II)

2 LA ISLA DE LAS TORTUGAS

Uno de los primeros escenarios que aparecen en la novela es la llamada Isla de las Tortugas o Isla Tortuga que, a pesar de ser un escenario de paso, ha despertado cierto interés entre quienes ya leyeron “Toletum”. Estoy convencida de que la razón principal de que esto haya sucedido es gracias a las películas de Disney, la saga Los Piratas del Caribe, con Jhonny Depp al frente del elenco. En cualquier caso, creo que es un lugar repleto de leyendas y grandes historias dignas de rescatar.

Comenzamos su historia murmurando un nombre: Cristóbal Colón. Fue él quién declaró este pedazo de tierra violentada como parte de la corona española, quién arribó a su costa en diciembre de 1492 y, divertido por la forma que poseía, decidió llamarla Isla de la Tortuga. Imposible de tomar desde su zona norte (conocida por sus montañas infranqueables como Costa de Hierro) y dueña de un excelente refugio marítimo al sur, supuso un enclave estupendo para criar ganado vacuno durante los primeros años de posesión española. Tan pequeña, a partir de 1502 la isla formaba parte de la gobernación de La Española, bajo el control administrativo y militar de Nicolás de Ovando.

Ovando no era ningún genio. No tardó en perder el norte de La Española y la isla de la Tortuga a manos de colonos ingleses, franceses y renegados españoles procedentes de la isla de San Cristóbal. El combate fue violento y breve. España no volvería a tener el control de Tortuga hasta un siglo y medio después, aunque antes la intentaría recuperar en diversas ocasiones con catastróficos resultados.

Los bucaneros (individuos dedicados a la caza de carne para luego ahumarla a la bucán y venderla) se asentaron cómodamente en la isla y, plantando y vendiendo tabaco a la vez que la carne a los holandeses, consiguieron su protección frente al poderío militar del Imperio español. Para enfado de España, que había dejado claro que no toleraría el libre comercio en el Caribe español e hizo todo lo posible por evitarlo durante el siguiente siglo. Ya sabemos, sin éxito. También ocurrió una conquista británica en el año 1636, victoriosa durante cuatro años breves.

El reinado de Levasseur

Los árboles de Tortuga tiemblan al pronunciar el segundo nombre, temen que su dueño reaparezca con motivo de algún pacto que fraguó con las partes más profundas de su tierra hechizada. François Levasseur. Oficial de la Armada francesa bajo el mando del teniente general Philippe de Poincy y hostigador inmisericorde de los hombres santos.

Por órdenes de su superior, Levasseur arrebató la isla a los ingleses en un duro combate que terminó el 31 de agosto de 1640, fue nombrado gobernador de la misma y rápidamente trabó amistad con bucaneros y cultivadores de tabaco, además de los filibusteros (bucaneros llevados por el mal camino que atacaban desde pequeñas embarcaciones a los galeones españoles). Apoyado por estos, proclamó una especie de República independiente en la isla y se distanció del gobierno francés. Fue en este momento, susurran los árboles de Tortuga, cuando se abrió definitivamente el dique de la leyenda pirata entre nuestras ramas.

Filibusteros y bucaneros se aliaron con Levasseur para crear la Cofradía de los Hermanos de la Costa, algo así como la Hermandad de los Piratas que se menciona de manera ficticia en Piratas del Caribe. Las normas de esta despiadada cofradía eran simples: se compartían los botines a partes iguales entre todos sus integrantes y existía cierto orden democrático a la hora de elegir sus líderes. Levasseur tomó todas las medidas posibles para hacer de la isla una imposible de tomar, construyó una fortaleza llamada La Roca para defender los puertos vulnerables de la costa sur y en su interior situó una terrible cárcel donde encerrar a sus opositores. A esta cárcel la llamó El Purgatorio y a la terrible máquina que utilizaba para torturar a sus víctimas, El Infierno.

La ambición es sana hasta cierto punto. Cegado por las riquezas que los filibusteros traían a la isla, envalentonado por su poder y sediento de más, más riquezas y mucho más poder, terminó definitivamente toda relación con Francia y comenzó a enfrentarse a la Cofradía. El tirano murió acuchillado por su propio ahijado tras un motín en la isla.

La edad dorada de la piratería

Aprovechando la muerte de Levasseur y el revuelo del motín, el capitán general de Santo Domingo, Juan Francisco Montemayor, atacó la isla y consiguió conquistarla en nada más que ocho días. Era enero de 1654 pero esta pequeña victoria fue tan heroica como breve. No habría de pasar más de un año hasta que el gobernador de Santo Domingo retiró la guarnición española de Tortuga para proteger La Española de un posible ataque inglés, enterró los 40 cañones que la defendían y se dijo “si te he visto no me acuerdo”. Seis meses después los filibusteros ingleses y franceses regresaron a la isla.

Ingleses y franceses, ambos enemigos acérrimos de España en esta época, se dijeron que esta vez lo harían mejor. Decidieron gobernar la isla en conjunto con la Cofradía de los Hermanos de la Costa, en un macabro ménage à trois colonial que, tras nombrar gobernador a un viejo cofrade, permitió atacar con mayor precisión a los buques españoles. La guinda en el pastel vino cuando los españoles acabaron con el ganado de la zona norte de La Española, en un pésimo intento por expulsar a los bucaneros, lo que llevó a que los pocos que no se habían afiliado con el gobierno de Tortuga acudiesen para prestar sus servicios. Podría decirse que fue en este momento, al completarse el abrazo de los bucaneros con la vida del pirata que es la vida mejor, cuando comenzaron los famosos años de piratería en el Caribe. Con Tortuga como base.

En un movimiento perfecto, el gobernador de Tortuga, Bertrand d´Oregon, diluyó algunas de las ideas más incómodas de la Cofradía en su isla, abrió la puerta a la entrada de colonos franceses y mitigó la influencia británica casi hasta hacerla desaparecer. Puede decirse que la isla de la Tortuga no fue tanto un territorio anárquico ocupado por piratas de todo pelaje, como nos indican las películas, sino una colonia francesa ligeramente independiente desde la que salían peligrosos buques tripulados por renegados de todo el mundo. Con un objetivo fijo en mente: desestabilizar el dominio español en las Américas.

Uno podría pensar que este fue el origen de la Legión Extranjera, aunque solo fuera como idea.

No es país para viejos

A partir de este momento, se barajan las leyendas con la realidad. Piratas de nombre infame como Henry Morgan o François el Olonés, dueños de importantes flotas de hasta 40 embarcaciones y miles de hombres, salían desde Tortuga para masacrar a los españoles. Abordaban barcos cargados de perlas y regresaban victoriosos. Monarcas del Viejo Continente les otorgaban títulos nobiliarios. Famosos marinos sucumbían bajo el sabor áspero de sus cañones. Las aguas del Caribe no eran país para viejos.

Pero no eran más que un puñado de nombres. La realidad es que la vida pirata no era para nada la mejor, por esta razón necesitaban correr a esconderse de España en su pequeña isla. Se enfrentaban a una poderosa potencia militar con territorios repartidos por todo el mundo, sustentada con veteranos de tantas batallas, si no más, que las vividas por los piratas.

La vida de los infelices terminaba por lo general a manos del acero toledano o, en todo caso, alcoholizada como la de Morgan. Ni siquiera el Olonés se libró de una muerte terrible cuando fue descuartizado por indígenas en Panamá. La dificultad de sobrevivir para los piratas y las traiciones que llevaron a cabo entre ellos mismos, unidas a las disputas entre ingleses, franceses y holandeses por controlar Tortuga, llevó a que para finales del siglo XVII no fuera más que una sombra de lo que pudo ser. Descuartizada por sus propios hombres y rematada por España. Casi deshabitada porque sus paisanos colgaban de las sogas de Santo Domingo.

Así termina la historia que nos cuentan los árboles de la isla, todavía alertas al respirar aromas parecidos a la pólvora. Saben que esta época ha pasado pero también aprendieron, por los besos del fuego, que el ser humano puede ser una criatura avariciosa e impredecible. Lo cantan los árboles, como un lamento: nunca saben cuando volveremos a atacar.

Nos vemos la próxima semana con un nuevo artículo en Tras los pasos de Toletum

Fuentes:


TOLETUM

En una España herida de mediados del siglo XIX, una reliquia legendaria escondida en las misteriosas calles de Toledo será el detonante que enfrentará a nobles, regios y antiguas sociedades secretas, que no cederán ante nada ni nadie con tal de hacerse con el preciado tesoro.


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TRAS LOS PASOS DE TOLETUM (I)

1 VISITA AL TOLEDO DEL SIGLO XX Y SU HISTORIA

Hace apenas un mes que salió a la venta mi última novela: Toletum, una aventura de otra época. Sin embargo, quienes me siguen en redes la descubrieron hace ya mucho tiempo cuando, cada fin de semana, colgaba un fragmento de esta misma historia en mi página de Facebook. Al principio, Toletum, no era más que un relato que, poco a poco, fue tomando forma; pero esta es otra historia que ya os contaré. Lo importante de hoy es que, a la par que compartía estos fragmentos enlazados, también iba dando espacio a los diferentes escenarios y curiosidades que iban apareciendo en los mismos y, así, es como llegamos al día de hoy.

Desde hace unos días pensaba en recuperar esos escenarios y curiosidades en una serie de artículos que iré publicando en mi blog y que espero que sean de vuestro interés. Y, por supuesto, en caso de no haber leído la obra, os termine abriendo el apetito para devorar esta obra llamada: Toletum.

En esta ocasión, me gustaría comenzar con el último viaje que realicé a Toledo antes de que esta dichosa pandemia azotara a toda la humanidad y al estilo de vida hasta entonces conocido. Había entonces, y aún existe, una pulsera turística maravillosa con la que podías visitar hasta siete monumentos por tan solo 10€ (antes costaba 9€). Una opción estupenda para quienes queráis viajar y visitar esta ciudad, este museo al aire libre.

Era febrero de 2018 cuando…

“Hace apenas unos días que regresé de mi último viaje, en esta ocasión, uno de los destinos fue mi admirada Toledo, ciudad de las tres culturas. No hay año que no visite sus monumentos y recorra sus calles que suponen un verdadero placer para todos y cada uno de mis sentidos. La razón de este artículo es hablaros de una económica opción que nos permite por tan sólo nueve euros visitar hasta siete de sus emblemáticos edificios históricos, y de paso, describiros de manera muy escueta de qué os hablo exactamente.

Esta preciosa panorámica pude realizarla gracias al primer monumento del que os voy a hablar y que, por supuesto, podréis visitar con vuestra pulsera turística. Os hablo de la Iglesia de los Jesuitas, anteriormente conocida como la iglesia de San Ildefonso. Su construcción comenzó en el 1629 siguiendo un modelo de planta de sus hermanas jesuitas de Palencia y Alcalá de Henares. Esta iglesia podréis encontrarla enclavada entre las calles de San Román y Alfonso XII, siendo su fachada principal dirigida hacia la Catedral de Toledo. En esta ocasión, el motivo principal de la visita de este monumento es la subida a las torres, siendo el punto más alto de toda la ciudad y desde donde se puede contemplar más allá del propio callejero toledano.

De aquí nos dirigiremos a la antigua Mezquita del Cristo de la luz que fue construida en el año 999-1000 en la zona residencial del Toledo musulman y que perteneció a la época Califal. En su interior, doce arcos de herradura se entrelazan y descansan sobre las columnas creando una estancia en perfecta armonía con su fachada. En esta podemos ver inscripciones realizadas en ladrillo recortado ofreciendo el mejor documento histórico de la mezquita. Es un pequeño monumento donde podréis ver uno de los ábsides de origen Cristiano más antiguo que imitaron las restantes construcciones del mudéjar toledano. Y, para terminar sin contar más de la cuenta, os pediré que os fijéis en los arcos externos polilobulados con restos de policromía que embellecen la fachada noroeste de la mezquita.

No podía dejar pasar este monumento sin contaros la leyenda que se describe en él, más aún sabiendo mi predilección por las mismas. Como suelen comenzar estas narraciones quienes las cuentas os diré que… “Cuenta la leyenda, que el día que entró Alfonso VI en Toledo en 1085, su caballó hincó la rodilla en una losa blanca delante de la mezquita, entraron en el templo y vieron una luz que provenía de una pared. Excavaron y encontraron un cristo crucificado que había sido escondido allí, para protegerlo, junto con una lamparita que seguía ardiendo, así que le llamaron el Cristo de la Luz y, a la mezquita, Ermita del Cristo de la Luz.”

Terminada la visita del Cristo de la Luz, encaminaremos nuestros pasos hacia El Entierro del Señor Orgaz. En este lugar podremos admirar la obra más conocida y valorada de El Greco, pintor nacido en Creta en el año de 1541 y que se afincó en la ciudad de Toledo hacia el 1577. Aquí recibió el encargo de pintar la obra de la que hablamos por encargo del párroco de la Iglesia de Santo Tomé. Se trataba de representar una historia local, el milagroso entierro de don Gonzalo Ruiz, un piadoso caballero que falleció en el 1323 y que, al parecer, se distinguió por su generosidad para con los religiosos toledanos.

De aquí pasearemos por las pedregosas calles de Toledo hasta llegar a nuestro siguiente destino: la Iglesia del Salvador. Por desgracia, esta iglesia sufrió varios incendios, siendo el peor de todos el acontecido en 1823, donde tuvieron que rehacer parte de la iglesia, desapareciendo una de las arquerías y parte del edificio. En los años 50 se reconstruyeron ambas partes y la última restauración se realizó en el 2009. Es por ello que poco se puede ver de su origen, no obstante, hay una peculiaridad que sobrevivió a las desavenencias de la crueldad del tiempo. Una pilastra de época visigoda se mantiene en pie ofreciendo a los visitantes un testigo vivo de los siglos IV-VII.

Sinagoga Santa María la Blanca

Nos dirigimos ahora hacia el Real Colegio de Doncellas nobles donde dos son sus joyas. Por un lado nos encontraremos con el sepulcro del Cardenal Silíceo que falleció en el 1557; nacido en una familia humilde, estudió en París y fue autor de numerosas publicaciones. En el sepulcro queda representada primorosamente la figura yacente del cardenal con magníficos detalles en su vestimenta litúrgica. Por otro lado, no hay que dejar de visitar la Sala Rectoral de aspecto decimonónico que nos evoca el lugar donde se celebraron los actos más solemnes de la vida del Real Colegio.

Ahora sí, nos trasladamos ya a los dos grandes monumentos de esta opción turística de la que hablé al principio. La primera parada será en la Sinagoga de Santa María la Blanca.

Santa María la Blanca fue la antigua sinagoga mayor de la judería de Toledo, teniendo culto judío hasta el 1411 año en el que fue consagrada como templo cristiano. Como veréis en la foto anterior, la belleza de sus yeserías y la blanca luz que penetra en su interior, invitan al paseo y la meditación, mientras se disfruta del enorme bosque que forman sus columnas.

Y, por último, visitaremos el Monasterio de San Juan de los Reyes que fue construído como homenaje a la batalla de Toro y al nacimiento del hijo de los Reyes Católicos, Juan. En principio, esta edificación comenzó su construcción para ser mausoleo real allá por el año de 1477, sin embargo, la conquista del reino de Granada en 1492 hizo variar su primer propósito, ordenando ser sepultados en la nueva ciudad cristiana. En este monumento histórico podréis admirar tres grandes espacios: la Capilla Mayor, el Claustro bajo y el Claustro alto“.

Espero que este pequeño avance virtual de la ciudad, que es escenario principal de Toletum, os haya gustado pues os espero la próxima semana con un nuevo artículo en el que os hablaré de otro de los escenarios que, aunque tan solo aparece al principio de la historia, tiene un especial interés personal tanto por su historia como por cuántas leyendas se han creado a su alrededor.


TOLETUM

En una España herida de mediados del siglo XIX, una reliquia legendaria escondida en las misteriosas calles de Toledo será el detonante que enfrentará a nobles, regios y antiguas sociedades secretas, que no cederán ante nada ni nadie con tal de hacerse con el preciado tesoro.


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5 libros para leer este verano 2021 (I)

Os dejo mi última entrada en el blog En clave literaria. Hacía tiempo que no hacía una de mis listas de libros y creo que el verano es el momento ideal para regresar

En clave literaria

Hacía mucho tiempo que no aparecía por estos lares, pero me apetecía mucho regresar a mis queridas listas que, ya os adelanto, regresan con más fuerza que nunca. Llegan los top5 mensuales y empezamos por el veranito.

El verano es el mejor aliado para escapar de la realidad perdidos entre playas y montañas. Es la estación perfecta para tumbarnos, libro en mano, bajo la sombra de un enorme árbol mientras escuchamos el piar de pájarillos que vuelan a nuestro alrededor.

Bueno, no me voy más por las ramas y comienzo ya por el primero de ellos.

GLOUCESTERSHIRE IRA Y VENGANZA de J.P. Sirés

Esta es una historia que recomiendo un tanto a ciegas porque aún no he tenido el placer de leerla, pero estoy deseando hacerlo. Es un thriller de época victoriana cuya portada y sinopsis ya invitan a caer en sus redes.

Querido lector, vas a vivir el suspense…

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PRESENTACIÓN TOLETUM FNAC VALENCIA

Casi como si la entrada de un diario personal fuera, hoy me encuentro escribiendo aquí, en este blog, cuanto aconteció ayer en la primera presentación de Toletum. Fueron tantas las sorpresas que recibí ayer que no puedo más que rememorar el evento una y otra vez en mi memoria. Y, es tal la dicha, que no puedo más que compartirla con cuantos me queráis acompañar.

Debo reconocer que no me encontraba especialmente nerviosa hasta que llegué al FNAC y vi a alguien que no esperaba… Pero comencemos por el principio.

Llegué a la zona de librería donde se encontraba mi editora, Eva Aguilar, quien también estaba firmando ejemplares de su última novela juvenil: Guardianes youtubers. De pronto escuché que por megafonía anunciaban que a las siete comenzaría la presentación de la novela Toletum de Mireia Giménez Higón y yo, como no puedo estarme quieta, alcé los brazos y saludé a media tienda diciendo que era yo. Todo hay que decir que los presentes pasaron de mí, o no, quién sabe. El caso es que vi acercarse a una pareja y creí reconocer al señor de la misma, pero deseché la idea porque creí que era imposible. ¿Quién viajaría desde Madrid hasta Valencia para asistir a una presentación de alguien como yo?

Cuál no fue mi sorpresa al descubrir que, efectivamente, conocía a aquel “señor” y que era quien yo creía que era. Ramón Villa, amigo y compañero de fatigas en el grupo Novela Histórica que administramos en facebook, había cogido un tren el día anterior y se había plantado en Valencia para asistir a la presentación de Toletum. No os podéis imaginar la ilusión que me hizo y lo perpleja que estaba. Por supuesto, no solo vino a la presentación, pero esto lo contaré después. Lo “gracioso” de esto es, que pensaba que lo había reconocido cuando me dio por hacer el tonto saludando al mundo unos minutos antes y por eso se había acercado, pues la idea era presentarse directamente en el salón del evento sin decirme ni mu.

Llegado el momento, nos fuimos juntos hasta la sala de la presentación y llegaron más y más sorpresas. Amigos y familiares me esperaban allí o iban llegando. Amigos a quienes jamás había visto, pero con quienes las redes sociales habían actuado como creando un vínculo maravilloso.

Cuando se inició la presentación y mi querida amiga, Begoña Valero, se sentaba a mi lado para acompañarme en aquella aventura, alcé por primera vez la mirada para comprobar que la sala se había llenado con gente que esperaba atenta a cuanto pudiéramos contar. Para mí fue un día realmente inolvidable y me siento tan agradecida por las muestras de apoyo y cariño que, sinceramente, no tengo palabras para expresar lo que siento. Quizás por ello sea mejor que lo muestre pues, como ya dicen: Una imagen vale más que mil palabras.

Tras acabar la presentación, algunos aventureros nos fuimos a cenar y disfrutamos, nuevamente, de una agradable velada. Cenamos y charlamos de lo que más nos gusta: la novela y la historia; pero también hubieron risas, chascarrillos e historias de bar que guardaré siempre entre mis más preciados recuerdos.

Millones de gracias a todos los que me acompañásteis ayer de un modo u otro.

DE UNICORNIOS NO…

No sé si debiera enunciar esta entrada en el blog como una carta abierta, aunque, más bien, es una anécdota con la que poner de manifiesto cierta situación que, por desgracia, se da muy a menudo.

Resultó que, en esta última Feria del libro donde tuve la suerte de poder asistir para firmar ejemplares de mi última obra, fui testigo de cierta situación curiosa. Sin embargo, empezaré por cuanto pude ver y observar aquella tarde mientras esperaba a que amigos y lectores llegaran hasta la caseta en la que me encontraba.

Descubrí, alegre, que la gran mayoría de las personas que se acercaban y paseaban por la Feria eran muchachos y muchachas en edades comprendidas entre la adolescencia y la recién estrenada mayoría de edad. Paseaban en grupos ojeando y curioseando los libros que se encontraban en los diversos puestos y, siempre, terminaban marchándose con una de esas bolsas características de la Feria. Aquellas escenas que se repetían con asiduidad eran un deleite para mis sentidos y un regalo para ese futuro que, por fin, encontró la esperanza.

Después, padres y madres paseaban con sus querubines repletos de curiosidad y descubriendo sus primeros libros; pero el público al que hoy hago referencia es a esos pequeños que comienzan a descubrir el valor de la palabra escrita: los niños de Primaria. Había una considerable cantidad de pequeños de entre 7 u 8 años hasta los 11 o 12 que venían acompañados de sus padres buscando nuevas lecturas con las que volar a mundos increíbles. Así fue como descubrí a la pequeña de ojos azules y mirada alegre.

Yo seguía en mis quehaceres para con la firma de libros, para eso había ido allí, pero aquella pequeña llamó mi atención. Rondaba los ocho años, la misma edad que mi hijo mayor, y buscaba un libro de entre los cientos que allí se exponían. Mientras, la madre, hacía gala de cuánto leía o dejaba de leer la pequeña y que buscaba algo con lo que la niña aprendiera y disfrutara.

-Mamá, quiero éste -dijo, de pronto, la pequeña.

Señalaba un libro precioso, de portada malva y con kilo y medio de purpurina que portaba como imagen protagonista la de una niña sobre un unicornio. Parecía una típica historia de fantasía para los más pequeños, había bonitas imágenes en su interior y una cantidad considerable de letras, palabras y frases. El librero le contó a la pequeña que se trataba de una historia donde la niña de la portada debía correr una increíble aventura para salvar a su amigo unicornio de ser cazado y mostrado por todo el mundo. La historia parecía divertida y curiosa, pero la madre no estaba de acuerdo.

-De unicornios, no -sentenció.

Me quedé pasmada. ¿Qué tenía de malo aquél libro?

-Como si no hubiera nada más en el mundo para las niñas que unicornios y sirenas -dijo.

No quise intervenir, pero la mirada alegre de aquella pequeña, de pronto, se tornó triste y yo no pude más que pensar: “¿Qué más dará lo que quiera leer? “.

Quizás me meta donde nadie me llama, pero llegados a este punto ya no me importa. Dejad que los críos lean lo que quieran leer y que descubran el mundo a su paso. Aquella pequeña se fue sin un libro, ya no leerá porque su madre decidió que aquél libro de brillante portada suponía un rol de genero y, al parecer, eso importaba muchísimo más que el hecho de que su pequeña se formara leyendo.

Entrevistas, artículos y otras prensas…

Buenos días de domingo,

Ya iba siendo hora que organizara y echara mano a este blog. Mi idea es crear tres apartados principales: Relatos, prensa y blog. De momento, aquí os dejo el espacio dedicado a la prensa.

https://mireiagimenez.com/entrevistas/

Por supuesto, si no quieres perderte nada solo tienes que suscribirte a este blog o a mi página de facebook. Muchas gracias

RELATO: EL NÚMERO 20

Un relato que vuelve a salirse de mi zona de confort. En esta ocasión es la novela negra la que se mezcla con las nuevas tecnologías ante un peligro inminente y silencioso…

ALMA BLANCA

La mañana se aventuraba tranquila, un día más entre papeleos, llamadas de vecinos con pocas expectativas y un café humeante acompañado de ese delicioso donnuts relleno de crema por el que sería capaz de matar. Así era el día a día en aquella tranquila localidad marinera y así debía ser. La agente García se sentía privilegiada al observar a través de las ventanas el oleaje y ese sonido que la apartaba del mundo, aunque solo fuera por breves períodos de tiempo. Aunque solo fuera por unos minutos escasos. Y, en ese espacio se encontraba cuando el sonido de su teléfono oficial sonó atrayéndola de nuevo a la comisaria.

—Laura, coge tus cosas y ven cagando hostias al punto limpio —dijo una voz masculina al otro lado del hilo telefónico.

—¿Qué ha pasado?

—Será mejor que lo veas con tus propios ojos y, te adelanto, que va a ser duro.

—Joder, Raúl, dime que narices pasa —dijo Laura con cierto temor que se acusaba cada vez mayor ante las palabras que recibía de quien había sido su compañero durante años.

—Ven, por favor —suplicó.

Con el corazón en un puño y los pulmones bloqueados por la ansiedad que le producía aquella llamada, no pudo más que coger sus pertenencias y obedecer la orden recibida de salir a su encuentro cagando hostias. Cogió uno de los coches patrulla aparcados en el parque y condujo de manera automática hasta llegar al lugar acordado.

La escena que se abría ante ella parecía propia de aquellas series policíacas en las que el suspense se sumaba a decenas de miradas indiscretas que se iluminaban con las luces rotatorias de los vehículos de emergencias. Una terrible sensación recorrió cuerpo y mente y sintió como una lágrima furtiva escapaba por su rostro sonrosado sin saber aún por qué.

Unos golpes en la luna del coche le sobresaltaron. Un Raúl de semblante serio intentaba ofrecer una mueca fraternal. Bajó la ventanilla para escuchar mejor aquello que Raúl venía a contarle.

—¿Por qué no entras? —Le ofreció Laura a su compañero mientras realizaba un leve gesto con la cabeza para indicarle que subiera al coche y se sentara junto a ella—. ¿Qué ha pasado, Raúl? —dijo una vez se encontraban ambos al cobijo del vehículo policial.

—Laura, hemos encontrado el cuerpo sin vida de un chico.

—¿Qué chico?

—Es uno de tus alumnos.

—¿Quién es? Joder, Raúl, dime quién es de una puñetera vez.

—Es Miguel.

—¿Cómo? ¿Qué le ha pasado? Tengo que ir a verle —Intentó salir del vehículo, pero Raúl la detuvo agarrándole del brazo.

—Será mejor que no lo veas.

—Y, ¿para qué me has llamado?

—Te he llamado porque su madre solo quiere hablar contigo.

Laura asintió con cierto recelo, entendía que la madre del chico quisiera hablar con ella, pero no sabía cómo podría calmar el dolor que debería estar sintiendo esa pobre mujer. Era incapaz de imaginar cuánto sufrimiento soportaría en aquellos precisos instantes en los que la noticia de la pérdida de su hijo se convertía en una horrible realidad. Aquella mujer estaba destrozada, nunca la había visto así, la angustia se reflejaba en un rostro pálido, en unos apagados ojos azules y en dos grandes y oscuras bolsas que se acentuaban bajo su mirada humedecida por las lágrimas.

—Descubriré quién ha podido cometer semejante brutalidad. —Se escuchó decir a la madre de Miguel. Aquel chico era la perfección reencarnada en un muchacho con problemas que había conseguido superar todos y cada uno de los baches que la vida se había propuesto interponerle y ahora… ahora era solo un recuerdo.

—Toma —dijo la madre de Miguel mientras le hacía entrega de una pulsera con un lazo blanco que ella misma le hizo cuando comenzó a abrirse al grupo de autoayuda que dirigía cada martes por la tarde—. Sé que él hubiera querido que lo tuvieras.

—Gracias —consiguió decir mientras aferraba con fuerza aquella muestra de fortaleza que un día portó su pequeño amigo con orgullo, demostrándole al mundo quién era y cómo era, sin miedo.

Ambas mujeres se despidieron con un fuerte abrazo, como si les uniera algo más que una simple relación profesional. Laura observó como aquella derrotada madre se alejaba en silencio hasta quedar arropada al abrazo de su esposo quien, desde la lejanía, daba su gratitud a la joven agente de policía.

Laura, se acercó hasta el lugar en el que sus compañeros se encontraban con una firme decisión. Descubriría qué había sucedido y capturaría a los responsables en caso de haberlos.

—Raúl, necesito tu ayuda.

—Tu dirás.

—Necesito el expediente del forense a la mayor brevedad posible. Necesito saber qué ha sucedido y quién ha sido partícipe de esto.

—No creo que debas hacerte cargo de este caso.

—Lo que tú creas me da exactamente igual. Por favor, hazlo.

Sin saber aun como, Laura se vio sentada en el sillón de su casa, con una copa de brandy en una mano y el mando de la televisión en la otra. Vestida solo con una camiseta vieja de un antiguo amor del que solo quedaban recuerdos. De pronto, el sonido de su móvil al vibrar despertó, de nuevo, su interés por la jornada que estaba a punto de terminar.

Cogió el pequeño aparato. Era su amigo y compañero Raúl, al fin tenía el informe y se dirigía hacia el apartamento de Laura.

—¿Qué has encontrado?

—Bueno, tal y como imaginó la patrulla que encontró al chaval, éste murió de una paliza. Parece que fueron varios, pues los golpes se suceden con demasiada simultaneidad y por diferentes frentes.

—¿Tenemos alguna pista?

—Sí. Eugenia, la carnicera, vio como un grupo de chavales salía corriendo del punto limpio entre risas y jadeos. Creyó que habrían robado alguna chatarra y por eso no le dio importancia. Sin embargo, cuando el agente de seguridad del parque dio el aviso, entendió que aquellos críos habían tenido algo que ver.

—Y, ¿sabemos quiénes son?

—No, pero hay algo más. —dijo Raúl mientras le enseñaba una imagen del cuerpo inerte del muchacho. En su muñeca derecha, justo en el lugar exacto en el que una pulsera de lazo blanco se anudaba, un número quedaba impregnado en la piel junto a lo que parecía ser la sonrisa de un payaso, rasgados ambos con un objeto afilado. Como si de una res se tratara.

—¿Qué significa?

—Miguel ha sido víctima de un juego.

—¿Un juego?

—Así es. En cuanto lo he visto se lo he enseñado al especialista en redes sociales y él mismo me ha derivado a una página que se llama smile clown.

—La sonrisa del payaso.

—Eso es. Al parecer, un tío disfrazado de payaso contacta con el chaval de turno y le dice con quién debe juntarse. Consigue su confianza hasta dar con un secreto que le avergüence o le obliga a realizar un acto que solo quedará entre ellos. Después, les amenaza con hacerlo público si no cumplen con los retos.

—No comprendo.

—Mira el número veinte —dijo mientras le entregaba una lista numerada— Grabar el sufrimiento de un alma blanca.

Laura cogió la pulsera de Miguel, volteó el lazo y entre lágrimas leyó el grabado: “Tú eres un alma blanca, nunca lo olvides”.

1×03 Peregrinos del siglo XII

Os dejo el enlace al programa de esta semana. Espero que os guste 😉

En clave literaria

Hola amigos, por fin hemos podido subir el podcast del programa de esta semana. En esta ocasión, el programa está orientado hacia un especial jacobeo.

Como siempre, disfrutaremos de la maravillosa voz y prosa de nuestra querida Sandra Hernández. Hablaremos con el historiador y colaborador del programa, Jonatan Romero, sobre ese camino que comenzaba a crecer allá por el siglo XI y cómo consiguió convertirse en uno de los más transitados en aquella época. Nos convertiremos en peregrinos del Siglo XII y viviremos la aventura de un viaje inolvidable.

Aquí os dejamos el podcast: https://www.ivoox.com/1×03-peregrinos-del-siglo-xii-audios-mp3_rf_66029620_1.html

Ver la entrada original

Entrevista The Citizen

Una no siempre tiene la oportunidad de aparecer en portada en demasiadas ocasiones y, quizás, por ello, le deba un especial agradecimiento tanto a Olga Luján como al editor de esta maravillosa revista digital.

Os dejo el enlace a la propia entrevista, no sin antes resaltar el párrafo con el que Olga le da comienzo:

¿Has hecho ya el Camino de Santiago? ¿Sí? ¿No? Es igual. Hay una escritora que ha publicado un libro indispensable en la mochila del peregrino. Si ya lo hiciste, está bien leerlo porque recordarás algunos sitios por donde pasaste y nadie te contó lo que ella te descubre en su novela. Y si aún lo tienes pendiente, no te lo pierdas porque el Camino nunca sería el mismo“.

PORTADA DE THE CITIZEN 25 DE FEBRERO DE 2021

ENLACE A ENTREVISTA: http://thecitizen.es/literatura/charlando-con-mireia-gimenez-higon

Una rosa, un libro y un termo

Hoy es el cumpleaños de mi padre, cumpliría 65 años y juntos soplaríamos las velas en el próximo fin de semana. Así ha sido toda mi vida, él cumplía el 25 de febrero y yo el 28 y no recuerdo un solo cumpleaños en el que no sopláramos las velas juntos. Ahora ya no está y, aunque quizás no debiera comentar ciertos sentimientos en redes, no puedo evitar echarle de menos y llorar su ausencia. Duele demasiado.

Hoy, en su memoria, quiero compartir un relato que escribí en su honor, el mismo año en que se marchó y, desde el cielo consiguió, que me otorgaran un reconocimiento para los dos, haciendo de este relato finalista en aquel certámen literario.

Feliz cumpleaños, papá.

Relato:

No sé el tiempo que llevaba sin aparecer por este paraje que tantos sentimientos produce en mí. La gran puerta de barrotes forjados se abre ante mí y da paso a un enorme parque asfaltado, blanco, puro. Sus calles y avenidas se encuentran en silencia a pesar de la cantidad de personas que allí se encuentran, pero estas descansan y mantienen ese halo de paz que se respira. Cada rincón, vía, paseo, rambla, callejón, travesía, pasaje o pasadizo se encuentra decorado con hermosas flores, bancos y árboles que los protegen del caluroso sol.

Yo tengo muy claro el camino que debo seguir, lo hago cada mes desde que mi padre se trasladó aquí. Son solo unos pocos metros lo que debo recorrer para llegar junto a él.

Hoy llevo mi acostumbrada manta que expando en el suelo para sentarme y pasar un rato a solas. En mi mochila, un libro y un termo que extraigo con cuidado y los dejo sobre dicha manta. Busco, también, el estuche que contiene mis gafas. No es que tenga muchas dioptrías, pero desde que trabajo con ordenadores siento que la vista se cansa mucho antes que yo y las letras se amontonan haciendo de mi trabajo una verdadera aventura. El propio oculista me recomendó usarlas también cuando me encuentre enfrascada en una lectura y, lo cierto es que, me ha servido mucho.

—Buenos días, papá. ¿Cómo te encuentras hoy? —saludo sin esperar respuesta—. ¿Te acuerdas de este termo? Me lo regalaste la última noche antes de partir hacia Salamanca, cuya universidad me formaría para ser lo que hoy soy. Decías que me vendría bien para las largas noches de estudio y tenías razón. Después, lo usaría para aquellos días de inspiración en el que musas de todas partes me susurrarían al oído mil historias que narrar, mil cuentos que escribir. Y, ahora, eres tu mi inspiración y, con el termo, sigues dándome tu calor.

» Hoy, como cada veintitrés de abril, te he traído una rosa, tu flor favorita. Roja como las que tanto te gustan. Dame un minuto —digo mientras rebusco entre los enseres que guardo en mi mochila hasta dar con el objeto de mi búsqueda—. Aquí está. He traído este pequeño jarrón de plástico, ¿ves? Es bonito, parece hecho de cristal. Espérame que vengo en un minuto, solo quiero llenar el jarrón con un poquito de agua de aquella fuente. —No tardo más de cinco minutos en llenar de agua el improvisado florero, sumergir la rosa roja en él y regresar a mi manta. La dejo junto a su lecho y sonrío.

» Hoy empezamos lectura nueva, ¿qué te parece? Creo que te gustará a pesar de ser un cuento infantil. Lo hemos escrito entre tu nieto y yo para la nueva personita que ha llegado a la familia, Alexia. El cuento se titula El misterio de la flor mágica. —digo mientras me sirvo un poco de café que traigo preparado en el interior del termo—. Si te parece, empiezo a leerte esta historia de ti, de mí, de nuestra familia, que comienza así: “Rosevillage es un pueblecito muy pequeño donde suceden cosas maravillosas. Tiene una plaza enorme con un palacete en el centro. En ella se encuentran la pequeña iglesia, la librería más extraña que jamás hayas visto y una heladería con los mejores helados del mundo…”

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